Foto: Ditchling en la década de 1920
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jueves, 22 de marzo de 2012

Chestertoniana: Peter Frederick Anson (1889-1975)

Fotografía de P. F. Anson,
tomada por Howard Coster en 1933
y que se encuentra en la National Portrait Gallery
[Fuente]


Nació en Southsea (Portsmouth), hijo del contralmirante Charles Eustace Anson y de Maria Evelyn Ross, de familia escocesa de larga tradición en la Armada Real (su bisabuelo Horatio Ross había sido ahijado de bautismo del Almirante Nelson) y que tenían el solar de Rossie Castle, cerca de Montrose.

Ya a los 6 años, dibujaba escenas de la vida marina, la pesca, etc. Con el fin de desarrollar ese evidente talento, los padres lo enviaron a la Architectural Association School de Londres, donde estudió entre 1908 y 1910.

Pero, a los 21 años, abandonó la escuela de arquitectura y se unió a la comunidad monástica anglicana de Caldey Island, cerca de la costa galesa a la altura de Tenby. Caldey estaba en su esplendor y este experimento de monaquismo causaba bastante asombro y hasta escándalo entre los anglicanos de distintas tendencias. Pero no dejaban de llegar visitantes. Allí conocería a Cecil Chesterton, a quien le ilustró su Poems and Plays, a Hilaire Belloc y a Ronald Knox. Fue así que en 1913 —junto con veintiún de sus hermanos y el abad Carlyle— fue recibido en la Iglesia Católica, pero debido a su mala salud nunca tomó los votos permanentes, siendo oblato por el resto de su vida.

A pesar de la vida en comunidad, nunca perdió sus contactos con el mundo exterior y, en particular, con los marinos y pescadores que había conocido en su niñez. En 1921 fundó The Apostleship of the Sea, una organización dedicada a asistir material y espiritualmente a los marinos católicos.

Eventualmente, en 1924 abandonó la abadía de Caldey y la vida religiosa, dedicándose a viajar, pintar y escribir. Pasó un breve tiempo en Ditchling, donde trabó duradera amistad con Eric Gill, David Jones y Desmond Chute. Pero también recorrió Europa continental. Fruto de estos viajes fue su primer libro, publicado en 1927, A Pilgrim’s Guide to Franciscan Italy.

De regreso en Gran Bretaña, decidió vivir junto al mar. Fue uno de los fundadores de la Society of Marine Artists (hoy Royal Society of Marine Artists) en el ’36. En 1938 inició su propia actividad pesquera en la costa de Moray, en el nordeste de Escocia, primero en Portsoy, luego en Macduff —donde viviría por más de 14 años, aunque siempre viajando—. Diseñó y construyó su propio bote pesquero: el “Stella Maris”.

Sus dos amores fueron el mar y la Iglesia, a ambos dedicó sus escritos y pinturas. Ese mismo año ’38, se inauguró en Invergarry, la nueva iglesia parroquial, que había sido diseñada por el arquitecto Ian Lindsay con la asistencia documental de Anson, en estilo rural escocés del siglo XVIII.

En el ático de su casa de Macduff, Anson construyó una hermosa capilla que era la única casa católica de oración en toda la localidad. Pescadores, marineros y sus familias —la mayoría presbiterianos o episcopalianos— entraban y salían de la casa de Anson y de su capilla sin necesidad de pedir permiso. Casi todos los niños de Macduff aprendieron a dibujar y pintar en la escuelita que informalmente organizó.

En 1952, sin embargo, perdió su bote en una tormenta y, tras vender Habour Head, decidió mudarse al sur de Inglaterra. Pero, la añoranza por la costa escocesa era muy grande, y sólo unos pocos meses después volvió a Macduff, donde adquirió una pequeña cabaña en Low Shore.

En 1958 publicó Abbot extraordinary, donde relata la vida del abad Aelred Carlyle, fundador de la comunidad monástica anglicana de Caldey Island, y trabajo fundamental para conocer la historia de aquel experimento que tanta impresión causó en la Iglesia de Inglaterra de principios del siglo XX.

Sin avisar a nadie, ese mismo año ’58, se escapó a la Ramsgate Abbey, con el fin de regresar a la vida conventual. En 1960 volvió a mudarse a Portsoy. Ese mismo año produjo el libro Fashions in Church Furnishings —donde desarrolló sus enormes conocimientos sobre la mueblería y el diseño tradicional de los interiores de las iglesias británicas—.

Al poco tiempo, volvió a cambiar de domicilio, esta vez a la ciudad de Montrose, viviendo en casa de un predicador laico de nombre Jack Smith, y poco después cerca de Ferryden, a donde fue también con Smith.

En 1965 publicó Bishops at large, un estudio de unos 150 grupos cismáticos dependientes de “obispos vagantes”, en los siglos XIX y XX, y que, al día de hoy, sigue siendo una referencia para canonistas y teólogos interesados en este tema.

En 1966 el papa Pablo VI lo creó Caballero de la Orden de San Gregorio Magno en reconocimiento de su obra de apostolado entre los pobres marinos y pescadores, así como por sus estudios históricos sobre la Iglesia en Escocia.

Un año después, en 1967, se lo designó como el primer curador del Scottish Fisheries Museum, en Anstruther. Sólo ocupó el puesto un año, volviendo a Ferryden unos meses después. Allí comenzó a trabajar en el que iba a ser su último proyecto, un “panorama” completo de la industria pesquera escocesa.

Otra obra de referencia de su autoría es Underground Catholicism in Scotland (1970), sobre la historia de los católicos de Escocia en los “tiempos penales”. Un trabajo que, aún hoy, no ha sido superado.

Los últimos cinco años de su vida los dedicó a la pintura, primero en Caldey Island —a donde regresó a los ochenta años en 1970— y, luego, en el ’74, en Sancta Maria Abbey, en Nunraw (East Lothian, Escocia), donde fallecería a los 85 años.

Legó los derechos de autor de sus libros al abad de la Santa Maria Abbey de Nunraw, en East Lothian. En 1979 más de 400 pinturas y dibujos, junto a objetos personales y libros, que estaban en posesión de la abadía de Nunraw fueron puestos a disposición del Moray District Council. Otras de sus pinturas conforman la llamada Anson Gallery, actualmente propiedad de la Buckie Public Library. Sus pinturas se destacan por la búsqueda de la exactitud, cuestión que lo obsesionaba.

Además de los libros ya nombrados, otros son Fishing boats and fisher folk on the East cost of Scotland (1929), Fishermen and fishing ways (1932), How to draw ships (1941), Life on Low Shore (1969), entre muchos más. Fue, además, colaborador de casi todas las publicaciones periódicas católicas del Reino Unido, como The Universe, The Catholic Herald, The Tablet, Blackfriars, The Dublin Review

martes, 10 de enero de 2012

Constitución y las Reglas de la Guilda de San José y Santo Domingo

Entre 1919 y 1920, Eric Gill, Douglas Pepler y Desmond Chute fundaron la Guilda de San José y Santo Domingo,* una confraternidad religiosa de artesanos que se convirtió en el centro de una verdadera colonia de talleres artesanales y pequeñas granjas en los alrededores del pueblo de Ditchling, en Sussex. La Guilda tuvo momentos de mucho crecimiento, como a comienzos de los ’20, a mediados de los ‘30 y durante un breve período en la postguerra. Finalmente, ciertos cambios operados desde fines de los ‘50 y, principalmente, en los ‘70, comenzaron a desvirtuar sus fines y métodos, culminando en la liquidación de la misma en 1989. Sin embargo, aún hoy, Ditchling es un centro artístico y artesanal de primer orden en Inglaterra.

Para una historia más pormenorizada, remitimos a nuestro trabajo anterior aquí.

Como un documento, nos es grato dejar nuestra traducción a la Constitución y las Reglas de la Guilda de San José y Santo Domingo, cuyo texto original, en inglés, hemos tomado de aquí.



LA Constitución DE LA GUILDA

La Guilda es una sociedad de artesanos católicos que desean hacer de la Fe católica la regla no sólo de sus vidas sino de sus artesanías, y con ese fin vivir y trabajar asociados de modo que la ayuda mutua pueda fortalecer el esfuerzo individual.

Al sostenerse ellos mismos y sus familias con la práctica de un oficio, los miembros eligen a San José como su patrono. Además, habiendo encontrado en la Orden Dominicana a sus maestros más representativos, también ponen la Guilda bajo el patronazgo de Santo Domingo.

La Guilda sostiene:

Que todo trabajo está ordenado a Dios y debe adorar a Dios. Igual que la vida humana está ordenada a Dios, también lo debe estar el trabajo humano. No podemos servir a Dios y a Mamón, pero podemos amar a Dios y a nuestro vecino. El amor de Dios significa que el trabajo debe ser realizado de acuerdo con una norma absoluta de razonabilidad; el amor de nuestro vecino significa que el trabajo debe ser realizado de acuerdo con una norma absoluta de servicio. La buena calidad tiene, por lo tanto, dos caras, el trabajo debe ser bueno en sí mismo y bueno para su uso. Pues ‘actus sequitur esse’.

Que siendo el principio de la responsabilidad humana individual una doctrina católica fundamental y que este principio incluye el principio de propiedad, los artesanos deberán ser dueños de sus propias herramientas, de sus talleres y del producto de su trabajo.

Por lo tanto, la Guilda busca:

Hacer de la bondad de la obra a realizar la preocupación inmediata del trabajo.

Tomar a su cargo e imponerse sólo trabajo tal que sea acorde con la responsabilidad de la obra a realizar.

Hacer del bien del trabajo y de la libertad del trabajador la prueba de los métodos, las herramientas y las maquinarias de sus talleres.

LAS REGLAS

Los miembros deben ser

  • Católicos practicantes
  • Que ganan su sustento con el trabajo manual creativo
  • Propietarios de sus herramientas y de su trabajo.

La admisión a la Guilda será por el consentimiento unánime de sus miembros.

Los candidatos a miembros que cumplen todas las condiciones de admisión serán postulantes por al menos un año y serán conocidos como Postulantes Calificados.

Los candidatos, del mismo modo que los aprendices, podrán ser admitidos como miembros aunque no hayan cumplido aún con la tercera condición para su admisión, pero seguirán siendo postulantes hasta el momento en que puedan cumplir con ella y serán conocidos como Postulantes No Calificados.

La aprobación de la Guilda debe ser obtenida para la entrada de cualquier aprendiz o empleado al taller de cualquier miembro, y tales aprendices o empleados deben ser católicos.

Un miembro de la Guilda no puede compartir taller en forma de sociedad con alguien que no es miembro de la Guilda.

Los miembros elegirán anualmente un Prior que representará a la Guilda en todos sus asuntos y supervisará el trabajo de los otros funcionarios que sean designados. En general, deberá tener cuidad de que la Constitución sea cumplida.

Habrá reunión de miembros al menos una vez por mes para decidir lo que se requiera. Los postulantes asistirán a las reuniones de la Guilda pero sin voto.

Será deber de la Guilda alentar la comprensión y práctica de sus principios entre los miembros programando ocasiones para su discusión y exposición.

Los miembros de la Guilda se reunirán en la Capilla para la oración en común con la regularidad que sea acordada.

Habrá una suscripción común de la Guilda para el mantenimiento de la Capilla y otros gastos.

La Guilda es propietaria del terreno y de los edificios bajo el nombre de The Spoil Bank Association Limited.

La propiedad tiene el fin de ser ocupada por los miembros de la Guilda y ser usada para los propósitos de la Guilda exclusivamente.

La Guilda administrará su propiedad por intermedio de sus funcionarios y sus reuniones, pero las cuentas de la propiedad serán llevadas únicamente en los libros contables de The Spoil Bank Association.

Ser miembro de la Guilda es ser también miembro de The Spoil Bank Association Limited.

La Constitución y las Reglas que hemos traducido fueron impresas por Pepler en 1922 en papel artesanal y colocadas en una carpeta que lucía la insignia de la Guilda, una mano abierta marcada con una cruz, diseño de Gill.



* Utilizamos el anglicismo “guilda” puesto que en castellano sus equivalentes “gremio” o “corporación” han variado su significado desde el primitivo medieval para convertirse actualmente en sinónimos de sindicato de trabajadores en el primer caso o de gran empresa comercial en el segundo.
Spoil Bank era el nombre del terreno triangular delimitado por las calles Ditchling Common y Folders Lane, y las vías del ferrocarril, a corta distancia del terreno donde se encontraban los talleres de la Guilda, donde los miembros de la misma colocaron un enorme crucifijo ornamental diseñado por Eric Gill, en recuerdo de los caídos de la Primera Guerra Mundial. Originalmente, The Spoil Bank Association Limited había sido constituida para recaudar los fondos necesarios para la adquisición de los materiales que utilizó Gill y para la colocación del crucifijo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Felicidades



Los que hacemos La Liga Distributista
deseamos a todos nuestros lectores y amigos
una muy feliz Navidad y un próspero 2011.

"The Manger"
Eric Gill
(1929)


jueves, 2 de diciembre de 2010

Más sobre Distributismo

A continuación reproducimos una traducción de la voz "Distributismo" por David Boyle [*] en el Dictionary of Liberal Thought (Politico’s Publishing Ltd., 2007), editado por Duncan Brack & Ed Randall del Partido Liberal Demócrata británico. Aunque el artículo tiene un claro sesgo pro- Partido Liberal, es interesante lo que comenta sobre las relaciones entre dicho partido y el Distributismo.

De acuerdo con el Distributismo, la propiedad de los medios de producción debe extenderse lo más ampliamente posible entre la población general, en vez de estar centralizada bajo el control del Estado (socialismo) o en manos de unas pocas grandes empresas o individuos ricos (capitalismo). Una buena síntesis del Distributismo es la frase de Chesterton: “demasiado capitalismo no significa demasiados capitalistas, sino demasiado pocos”.

Este movimiento político no partidario que creció en los ’20 y ’30, se dedicó a predicar la tenencia masiva y de pequeña escala de tierra y propiedad como un bastión contra el colectivismo, la gran empresa y las grandes instituciones, las que, según pensaban sus fundadores, conducirían inevitablemente a la esclavitud.

El Distributismo floreció bajo el liderazgo de antiguos liberales como Hilaire Belloc y G. K. Chesterton, se vio asociado con el catolicismo radical y con pioneros del Movimiento de Artes y Artesanías como Eric Gill, y se desintegró en los ’40; pero fue luego influyente sobre el Partido Liberal en los ’50 y sobre los pioneros del ecologismo de los ’70.

Las influencias inmediatas sobre el Distributismo fueron las ideas de Hilaire Belloc, especialmente su libro El Estado Servil (1912), y el periodismo prolífico de G. K. Chesterton (1874-1936). De acuerdo con sus exponentes, el Distributismo es una doctrina económica, sin embargo, mucho de lo que ellos escribieron era, además, una crítica histórica y profundamente espiritual de la sociedad.

Desde la renuncia de sus principales fundadores al Partido Liberal, fundamentalmente por la cuestión de la corrupción financiera en la política —que ellos creían había alcanzado una apoteosis simbólica durante el escándalo Marconi [1] de información privilegiada en 1912— el movimiento no estuvo alineado políticamente, pero su principal foco de campaña era anti-fabiano [2], anti-modernista y anti-corporativo.

Las influencias amplias detrás del Distributismo incluían también:

- La doctrina social de la Iglesia Católica, especialmente en la forma en que fue presentada por León XIII en la encíclica Rerum Novarum (1891) y aplicada en lo concreto por el cardenal Henry Manning (1807-92), donde primero se propagó la idea —que estaba en el corazón del Distributismo— de la “subsidiariedad”.

- El agrarismo inglés continuador de la tradición de William Cobbett (1763-1835) y Jesse Collings (1831-1920).

- El Movimiento de Artes y Artesanías que seguía las ideas de John Ruskin (1819-1900) y William Morris (1834-96) y sus críticas al industrialismo.

- El socialismo corporativista que fue impulsado por el periodista A. R. Orage (1873-1934) y otros anti-fabianos de izquierda, y que se reunió en torno al periódico New Age.

Los distributistas tendían a ser vagos acerca de aquello con lo que estaban de acuerdo. En su esencia, el movimiento era una crítica del prevaleciente socialismo estatista, la industrialización y el comercialismo monopolístico. Proponían una amplia distribución de la tierra y la propiedad, y buscaban revivir los valores de la agricultura a pequeña escala y de la artesanía, que tenían como bastión para defender el espíritu humano —y el Distributismo era fundamentalmente un credo espiritual— frente a la esclavitud de los monopolismos de derecha y de izquierda.

Además de Belloc y Chesterton, que de alguna manera se mantuvieron al margen de la organización de la Liga Distributista —fundada en 1926 por el arquitecto y ex fabiano Arthur Penty (1875-1937) junto con otros—, las principales figuras del Distributismo eran extremadamente diversas. Iban desde un pionero de las Artes y Artesanías como Eric Gill (1882-1940) y un periodista como “Beachcomber” (J. B. Morton, 1894-1979), hasta un agrarista como H. J. Massingham (1888-1952), lo mismo que apologistas católicos y reformadores campesinos.

De alguna manera, la diversidad del movimiento mitigaba la efectividad del mismo y, ciertamente, su coherencia frente al público.

Ante esto, el Distributismo languideció en los ’40 y ’50 sin ningún legado político. Su mismo tono, ciertamente contribución de Chesterton, era melancólico, nostálgico y casi sin ninguna propuesta detallada. Existía un pesimismo implícito en bastantes escritos distributistas, acerca de la inevitabilidad del cambio, la centralización y el gigantismo. Sus proyectos distributistas prácticos, incluyendo el desafío a los operadores monopolísticos de autobuses en Londres en los ’20 [3] y la campaña de reforma rural como solución al desempleo de Birmingham en los ’40 [4], no tuvieron eco.

Fueron obviamente más influyentes en la cultura, con la fundación de la comunidad distributista de Ditchling en Sussex [5], y fueron indudablemente una influencia que alimentó el renacimiento romántico de la Inglaterra de postguerra.

El Distributismo comenzó a ser identificado, no sólo con el romanticismo extremo, sino también con una forma particular de radicalismo católico que veía en Franco y Mussolini a defensores del catolicismo europeo. Sus vínculos con grupos agrarios reaccionarios en los ’30 significaron también que, algunas veces, el Distributismo se convirtiera en un camino hacia la extrema derecha de su tiempo.

Los distributistas no estaban decididos en el asunto del libre comercio, pero eran implacables en su oposición al modernismo o a lo que ellos llamaban “valores comerciales”. Aunque la mayoría de los pensadores distributistas rechazaban el vínculo, en la práctica existieron conexiones informales con el Movimiento del Crédito Social [6] que también salió del socialismo corporativista.

Sin embargo, existieron otras formas en que los distributistas se las ingeniaron para tener un impacto duradero en la política liberal. Su crítica del fabianismo estuvo disponible para aquellos políticos de postguerra que buscaban alternativas al colectivismo y al corporativismo. Existieron discusiones formales entre la Liga Distributista y el Partido Liberal en los ’50 y fueron, además, una influencia notable en la política industrial del Partido Liberal desde 1937, especialmente en los escritos de dicho Partido acerca de la propiedad y la democracia industrial durante los años de Jo Grimond [7].

Cuando en 1973 se publicó el influyente libro Lo Pequeño es Hermoso, el autor E. F. Schumacher incluyó un capítulo crítico con el título “Economía chestertoniana” [8], que tuvo gran influencia en el naciente campo de la “Economía ecologista”. También se le reconoció influencia al Distributismo en algunos de los aspectos más radicales del Thacherismo, incluyendo la decisión, en 1979, de vender las casas estatales a sus inquilinos. Sobre todo, es posible también argumentar que el Distributismo fue una de las más profundas y duraderas influencias en el periodismo británico moderno, construido sobre la base de la original influencia de Morton [9] y sus socios, preocupados por la prensa popular —la de los individuos en vez de la de las grandes instituciones—, aunque, con frecuencia, ello sea tildado de populismo.



Ernst Friedrich Schumacher (1911-77)
-un economista de carrera converso al Distributismo-

Para profundizar:

Hilaire Belloc, El Estado servil (1912).

Hilaire Belloc, Economics for Helen (1924).

Hilaire Belloc, Un ensayo sobre la Restauración de la Propiedad (1936).

G. K. Chesterton, El marco de la cordura (1926).

John Sharpe (Ed.), Distributist Perspectives: Essays on the Economics of Justice and Charity (2004). [Puede leerse la traducción a la introducción a la serie aquí.]

Herbert Shove, The Fairy Ring of Commerce (1930).



[1] El “affaire Marconi” fue un escándalo político británico que estalló en el verano de 1912 alrededor de las denuncias del diario New Witness (dirigido entonces por Cecil Chesterton) contra altos funcionarios del gobierno liberal de H. H. Asquith que se habían beneficiado personalmente al comprar acciones de la subsidiaria estadounidense de la Marconi Company, conociendo de antemano la intención del Estado británico de firmar un contrato muy lucrativo con dicha empresa.

[2] La Sociedad Fabiana, que aún existe, era entonces un movimiento británico que propugnaba el socialismo por medios gradualistas y reformistas no revolucionarios. Durante un tiempo tuvo mucha influencia sobre el Partido Liberal y, posteriormente, tuvo bastante que ver con la creación del Partido Laborista.

[3] Al menos desde comienzos del siglo XX, se discutió la necesidad de centralizar el transporte público de Londres, alegando falta de eficiencia en algunas zonas provocada por las duplicaciones en los recorridos y, al mismo tiempo, la falta de atención de zonas menos rentables. En la década del ’20, el debate alcanzó su punto álgido y los distributistas fueron casi los únicos que defendieron a las pequeñas compañías de autobuses (privadas, cooperativas y municipales) en una campaña exitosa donde llegaron a recolectar más de un millón de firmas. Sin embargo, en 1933, la Ley de Transporte de Pasajeros de Londres fue el puntapié inicial de una rápida estatización y centralización del sistema que acabó con las pequeñas empresas de pasajeros.

[4] En 1928, los economistas K. L. Kenrick y Harold Robbins, miembros de la Rama de Birmingham de la Liga Distributista, publicaron el libro-panfleto “Unemployment: A Distributist solution”, que llegó a ser conocido como “El esquema de Birmingham”. En varias oportunidades, la Liga realizó campañas de concientización sobre la base de “El esquema”, del que se hicieron numerosas actualizaciones y reediciones, algunas de las cuales fueron distribuidas gratuitamente entre todos los miembros del Parlamento británico.

[5] Entre 1919 y 1920, Eric Gill, Douglas Pepler y Desmond Chute fundaron la Guilda de San José y Santo Domingo, una confraternidad religiosa de artesanos que se convirtió en el centro de una verdadera colonia de talleres artesanales y pequeñas granjas en los alrededores del pueblo de Ditchling, en Sussex. La Guilda tuvo momentos de mucho crecimiento, como a comienzos de los ’20, a mediados de los ’30 y durante un breve período en la postguerra. Finalmente, ciertos cambios operados desde fines de los ’50 y, principalmente, en los ’70, comenzaron a desvirtuar sus fines y métodos, culminando en la liquidación de la misma en 1989. Sin embargo, aún hoy, Ditchling es un centro artístico y artesanal de primer orden en Inglaterra.

[6] El llamado Crédito Social surgió de la mano del ingeniero británico C. H. Douglas en la década del ’20 que publicó toda una serie de artículos en The New Age (periódico dirigido por A. R. Orage) donde criticaba la economía clásica y proponía una economía vista desde el consumo. Aunque fue muy criticado tanto por los economistas profesionales como por los fabianos y otros socialistas, sin embargo, el sistema se convirtió en un verdadero movimiento político que en algunas oportunidades estuvo a punto de ingresar candidatos en el Parlamento. Si bien los distributistas compartían las intenciones del Mayor Douglas, consideraban que “un nuevo sistema de partida doble” (crédito social) por sí solo no lograría estos fines sin una verdadera restauración universal de la propiedad individual.

[7] Joseph “Jo” Grimond fue un político escocés del Partido Liberal, parlamentario durante tres décadas en representación de las islas Orkney y Shetland, y, entre 1956 y 1967, fue líder del Partido. Gracias a él, el célebre partido británico que había quedado completamente relegado tras el surgimiento del Laborismo, renació y, si bien, no recuperó el gobierno, se convirtió en una tercera fuerza a tener en cuenta por los otros dos partidos mayoritarios. Asimismo, fue sucesivamente rector de las universidades de Edinburgo y Aberdeen, y canciller de la de Kent.

[8] En la edición más conocida de Lo Pequeño es Hermoso el título de este capítulo fue reemplazado por el de “Economía budista”, con indudable malestar de Fritz Schumacher (según cuenta su hija), quien —incluso— en un primer momento había pensado en poner como subtítulo del libro “An essay in Chestertonian Economics” (Ensayo de Economía chestertoniana).

[9] En 1924, John Cameron Audrieu Bingham Michael Morton, mejor conocido como J. B. Morton, tomó a su cargo la columna “By the way” (A propósito) del Daily Express, heredando el seudónimo “Beachcomber” (vagabundo). Durante más de cincuenta años, seis veces por semana, aparecía esta columna donde una serie de personajes imaginarios —inventados por Morton sobre la base de personajes reales— comentaban noticias de forma, a la vez, humorística e inteligente. Las columnas fueron muy populares y de ellas se publicaron 18 libros de recopilaciones. Además, Morton escribió otros 29 sobre temas variados, incluyendo unas simpáticas memorias sobre su amigo Belloc. Falleció en 1979.

[*] David Boyle es miembro de la Fundación de la Nueva Economía (NEF) y del Comité de Política Federal del Partido Liberal Demócrata del Reino Unido, habiendo sido parlamentario por Regents Park y Kensington North (Londres) en 2001. Suele escribir sobre historia, voluntarismo, urbanismo, moneda y negocios en diarios y revistas, y es autor, además, de los libros “Blondel’s song: The capture, imprisonment and Ransom of Richard the Lionheart” (2005), “Authenticity: Brands, fakes, spin and the lust for real life” (2004), “The money changers: Currency reform from Aristotle to e-cash” (2003), “The tyranny of numbers: Why counting can’t make us happy” (2001), “The sum of our discontent: Why numbers make us irrational” (2001) y “Funny money: In search of alternative cash” (1999). Junto a Andrew Simms ha publicado “The New Economics: A bigger picture” (2009) y “Eminent corporations” (2010). Fundó también el London Time Bank y es cofundador de Time Banks UK (el “timebanking” es un sistema de intercambio de actividades voluntarias gratuitas).


viernes, 26 de noviembre de 2010

Guilda de San José y Santo Domingo

En 1907, Eric Gill, un escultor de 25 años, dejó el barrio de Hammersmith en el oeste de Londres y se mudó con su familia a Ditchling, una pequeña aldea rural de Sussex. Gill era un artista de fuertes convicciones y sus estudios teóricos lo habían convencido de que la vida rural era mejor a la de las grandes metrópolis, no sólo para desarrollar su arte, sino también para sus hijos.

Seis años después, Gill decidió ir un paso más allá y, abandonando la High Street de Ditchling, se mudó unos 3 km. al norte, a un terreno adquirido en Ditchling Common, en las afueras de Burgess Hill, donde quiso probar una vida de autosuficiencia. En los dos acres que poseían —poco menos de una hectárea—, los Gill fundaron una granja donde producían su propia leche, manteca, huevos y pan. También hacían su propia ropa y la de sus hijos.

Poco después, el calígrafo y letrerista Edward Johnston, nacido en 1872 y que había sido profesor y compañero de habitación de Gill en los tiempos en que éste era estudiante, se mudó también a Ditchling con su familia. Lo mismo hizo en 1913, el agente social devenido en imprentero artesanal H. D. C. Pepler.

En un principio los Pepler se mudaron a la casa de los Gill, llamada “Hopkins Crank”. Además de la casa habitación, tenían en el terreno un pequeño tambo, llamado “Little Crank”, y el taller de Eric en un antiguo estable conocido como “Crank Barn”. Gill, Pepler y Johnston tenían pensado fundar una comunidad artesanal como las que el Movimiento de Artes y Artesanías había fundado en otras zonas con relativo éxito.

El primer proyecto comunal fue el periódico The Game, cuyo primer número salió en octubre de 1916 y que se convertiría en la voz de ese mundo.

La comunidad adquirió un cariz totalmente revolucionario cuando, en 1917, recibieron la visita del dominico Vincent McNabb. La imagen de este “monje del siglo XIII en pleno siglo XX”, junto a su ardiente catolicismo y su vivo interés por lo social, encendieron la imaginación de Gill y Pepler. El proyecto, al que se había unido el joven Desmond Chute, veía la necesidad de unir mejor a los artesanos por medio de un voto religioso. Vale decir que Pepler, nacido y criado como cuáquero y, luego, socialista, no era católico, aunque tenía en mucha estima al padre McNabb. Poco después, será recibido en la Iglesia, junto a su familia, adoptando el nombre de Hilary. Por su parte, Johnston, aunque era un hombre profundamente religioso y colaboró como pocos con el proyecto, nunca se convirtió al catolicismo, en parte para no contradecir a su esposa, devota presbiteriana.

El 29 de julio de 1918, Hilary Pepler, Eric Gill y su esposa, el comandante Herbert Shove (veterano de la Primera Guerra Mundial y que recientemente se había mudado a Ditchling) y Chute ingresaron a la Tercera Orden de Santo Domingo. A continuación, los nuevos terciarios levantaron una pequeña capilla para la oración en común y se abocaron a la tarea de consolidar el proyecto comunitario.

Simultáneamente, habiendo culminado recién la Gran Guerra, comenzaron a juntar dinero para construir un crucifijo monumental, idea pergeñada por Gill, en conmemoración de los marinos y soldados católicos de Sussex fallecidos durante la guerra y en acción de gracias de los que volvieron al hogar. Ya con el dinero, ese mismo año, Gill talló en madera e inauguró el crucifijo proyectado. El crucifijo tenía 26 pies y, originalmente, fue instalado sobre un pedestal en el Spoil Bank, un terreno triangular en la esquina de Ditchling Common y Folders Lane, mirando las vías del ferrocarril, que fue adquirido con parte del dinero recolectado. El crucifijo, que en su patetismo reflejaba las propias experiencias de Gill en la guerra (había estado asignado a la Royal Air Force durante un breve período), se convirtió en símbolo de Ditchling y de la institución de la que hablamos. Lamentablemente, en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, el mismo fue retirado para evitar que sirviese como marca para los bombarderos que amenazaban Londres. El crucifijo quedó casi abandonado en uno de los talleres de la Guilda al final de Folders Lane durante el resto de la guerra. Al final de ella, se encontró que se habían dañado los brazos y el patíbulo de la cruz, por lo que fue vendido y hoy se encuentra colgando de una pared de la capilla y centro cultural de la Rensselaer Newman Foundation de Troy (Estado de Nueva York). Junto a las vías del tren se colgó una reproducción más pequeña que aún existe y el pedestal en el Spoil Bank aún puede verse.

Volviendo a 1920, en ese año Gill, Pepler y Chute fundan la Guilda de San José y Santo Domingo, que convirtieron en el centro que daba vida a la colonia de artesanos y agricultores de Ditchling. Aunque la Guilda nació el 18 de julio de ese año al aprobarse su constitución, su formalización tuvo lugar recién el 10 de octubre, luego de que el proyecto recibiera el visto bueno del Padre McNabb y se les uniera Joseph Cribb —aprendiz, terciario dominico y, luego, continuador de Gill—.

Al año siguiente, en septiembre de 1921, la Guilda publicó una solicitada en los diarios avisando de su existencia. “La Guilda de los SS. José y Domingo —decían— es una guilda de artesanos, pero no es principalmente una guilda de artesanos. Es antes que nada una fraternidad religiosa para quienes hacen cosas con sus manos. Como guilda, su objeto es la santificación de sus hermanos, y sostiene que el amor de Dios es la única fuente del bien.” En 1922, Pepler imprimió la Constitución y las Reglas de la misma en papel artesanal encuadernadas en unas tapas donde se veía la insignia de la Guilda —una mano abierta marcada con una cruz, diseñada por Gill—. Asimismo, la Guilda constituyó The Spoil Bank Association Ltd. como sociedad en cuya cabeza se pusieron las propiedades de la misma.

Los miembros de la Guilda debían ser todos ellos terciarios dominicos. En cuanto artesanos debían también ser propietarios de sus talleres y herramientas. Siendo que el trabajo es una forma de culto divino, debían observarse los mayores estándares de calidad. Como una forma de santa pobreza, el artesanado como principal medio de via era condición necesaria para pertenecer a la Guilda. Los miembros de ésta debían reunirse diariamente para las oraciones principales y estudiar la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII.

En 1921, Chute había abandonado la Guilda para ingresar en la Orden de Santo Domingo y, eventualmente, convertirse en sacerdote. A pesar de que este hecho fue muy lamentado por Gill, a comienzos de los ’20, Ditchling creció mucho. Alrededor de la Guilda, se conformó toda una comunidad rural, llena de talleres, con una biblioteca, una lavandería, una huerta, un banco independiente, un jardín, un vivero y una capilla católica.

Entre los primeros jóvenes que se acercaron a Ditchling para ver de qué se trataba, estuvo David Jones, brillante pintor que, eventualmente, será consumado poeta. Veterano de la Guerra Mundial y recién converso al catolicismo que había conocido por primera vez en las trincheras, quedó admirado del proyecto y la personalidad de Gill. Su mayor contribución a la Guilda fueron los murales con los que decoró la capilla comunitaria.

En 1922 se les unió Philip Hagreen, ebanista consagrado y fundador de la Society of Wood Engravers. También recibían periódicamente a personalidades católicas de ese tiempo. Entre las visitas más queridas y recordadas, estaban las de Hilaire Belloc y Gilbert K. Chesterton.

Todo parecía andar bien, hasta que, a fines de 1924, Eric Gill decide abandonar la Guilda. Esto sucedió poco después de que los Gill hubiesen visitado una guilda de artesanos católicos en Gales, en torno a la antigua abadía abandonada de Capel-y-ffin, e intentaran persuadir a ambos grupos de una fusión. Esto hubiese significado la mudanza de uno de las dos comunidades, lo cual requería esfuerzos imposibles. La Guilda de San José y Santo Domingo rechazó la propuesta de Gill y éste renunció, para mudarse muy poco después a las Montañas Negras de Gales. La partida de Gill tuvo un efecto terrible en algunos de los miembros fundadores de la Guilda. Algunos miembros y varios aspirantes siguieron a Gill a Capel (por ejemplo, David Jones y Philip Hagreen), aunque la mayoría permaneció en Ditchling. Sobreponiéndose, Joseph Cribb, que hasta el momento había sido aprendiz de Gill, tomó a su cargo el taller de su antiguo maestro.

Mucho se ha especulado sobre las razones de la partida de Gill. Los desórdenes en la contabilidad que llevaba Pepler y preocupaban a Eric, la “popularidad” de la Guilda que recibía constantemente personalidades venidas de Londres perturbando el trabajo y la vida de la misma, diferencias ideológicas entre Hilary Pepler y Eric Gill, y —de acuerdo con investigaciones publicadas recientemente— la imaginación erótica de Gill y posibles costumbres abusivas del mismo.

La Guilda perduró aún durante unos 70 años, ejerciendo una influencia dominante y positiva sobre el arte y artesanado católico de las Islas Británicas y el exterior. Sobre la base de principios religiosos firmes, la Guilda también fue importante desde un punto de vista teórico-político. Los trabajos de Pepler de esa época hablan de tiempos futuros en que “el trabajo sea nuevamente de la misma naturaleza que el sacramento, un voto del hombre y una ofrenda a Dios”. La Guilda invitaba, no sólo con su ejemplo, sino también con sus publicaciones, a que todos los trabajadores sean amos de su propia producción y no eslavos de las ganancias de otros hombres.

Originalmente, todos los miembros de la Guilda debían ser terciarios dominicos, aunque también hubo terciarios en Ditchling que no se unieron a la Guilda, e —incluso— artesanos no católicos que formaban parte de la comunidad de Ditchling (aunque no de la Guilda, cosa que estaba prohibida). En 1928 se relajaron las regulaciones estrictas de la Guilda y se admitieron miembros no terciarios. Para este tiempo, luego de la crisis generada por la salida de Gill, las cabezas más visibles de la Guilda eran, además de Pepler y Joseph Cribb, el carpintero y granjero George Maxwell, y los tejedores Valentine KilBride y Bernard Brocklehurst. En 1932 se les sumó el platero Dunstan Pruden.

En los ’30 se incorporaron numerosas novedades que no eran parte de las tareas de la Guilda según el esquema original. Se iniciaron sesiones grupales para discutir y regular las normas de trabajo. Fruto de estas reuniones fue la publicación del libro-catálogo Things for Devotional and Liturgical Use (Cosas para uso devocional y litúrgico), incluyendo fotografías, y que fue enviado a varios potenciales clientes.

El lema de la Guilda encapsulaba su filosofía: “Hombres ricos en virtud estudiando la belleza y viviendo en la paz de sus casas”. Fue gravada en una placa de piedra que, actualmente, se encuentra en el Cheltenham Museum.

El 4 de agosto, Día de Santo Domingo, era un día de fiesta para la Guilda, al que acudían numerosos vecinos de Ditchling y de los pueblos cercanos. Para los niños se organizaban eventos deportivos, mientras los adultos tomaban té en la huerta, y había teatro y mimos para todos. Al anochecer, se reunían todos en el pub local para comer.

Otro golpe para la Guilda ocurrió en 1933 cuando Pepler, desobedeciendo la Constitución y las Reglas, contrató a un empleado que no era católico. Esto motivó su expulsión en 1934 y un feo enfrentamiento judicial por la propiedad de la imprenta de la Guilda, que Pepler trasladó a la aldea de Ditchling en 1937.

En esta época llegó a la comunidad un joven escultor de mucho potencial, John Skelton, sobrino de Eric Gill, que se convirtió en aprendiz de Cribb.

En 1937, la comunidad se dividió respecto a la colocación de una cabina telefónica en su ámbito. Finalmente, debido a que la electricidad y las herramientas industriales estaban prohibidas hasta en los talleres, se decidió que el lugar ideal sería fuera de los terrenos comunitarios, en la calle cercana. La incorporación de “mejoras” tecnológicas fue de allí en más una constante fuente de discusiones.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto Maxwell como KilBride perdieron hijos. Y Joseph Cribb, talentoso escultor que había sido ayudante de Gill, sirvió para la British Home Guard como observador aéreo y perdió a uno de sus aprendices, Albert Leany. Por su lado, las restricciones en la comercialización de seda hicieron que Brocklehurst y los KilBride se alejaran de Ditchling.

Terminada la guerra, aunque parecía imposible reconstituir la Guilda, comenzaron a acercarse a ella algunos viejos miembros y otros nuevos. En 1946, los KilBride regresaron de Escocia, y el prestigioso ilustrador Edgar Holloway visitó la comuna. Philip Hagreen también regresó y, por su parte, Cribb tomó a un nuevo aprendiz, Kenneth Edgar. Finalmente, en 1949, Holloway y su esposa Daisy Monica Hawkins, antigua modelo de Eric Gill, se mudaron a Ditchling aceptando la invitación de Hagreen de incorporarlo a su taller.

Por algún momento, se pensó que una nueva generación estaba lista para continuar la tradición de la Guilda. Sin embargo, la Postguerra trajo también desinterés por la vida comunitaria y cierto cansancio: las reuniones dejaron de durar horas como antes y se rechazaban, casi sin consideración, muchas solicitudes de incorporación.

Como resultado de las reformas del Concilio Vaticano II, en 1970 se decidió incorporar a la primera mujer: Jenny, hija de Valentine KilBride. Cinco años después, en 1975, se le unió Winefride, viuda de Dunstan Pruden.

En 1972 tuvo lugar una notable modificación del estatuto de The Spoil Bank Association Limited. El original preveía que, en caso de disolverse la sociedad y la Guilda, los bienes o el producto de su venta, beneficiarían a la Orden Dominicana. Esto se cambió, convirtiendo en beneficiarios a los miembros de ella. De acuerdo con John Prince, sobrino de Maxwell y autor de una página de Internet, esta reforma tuvo el efecto de que los viejos miembros de la Guilda no quisieran incorporar nuevos postulantes y que los activos de la misma fuesen vistos como una especie de fondo de retiro.

En 1983, el calígrafo Ewan Clayton, nieto de Valentine KilBride, se convirtió en el último miembro en ser admitido en la Guilda.

La gran tormenta de 1987 dañó seriamente los edificios de la Guilda al final de Folders Lane, en el límite con Burgess Hill. Y al año siguiente, se recibió una tentadora oferta para la venta de los terrenos con el fin de convertirlos en un desarrollo inmobiliario. Ewan Clayton y Jenny KilBride ofrecieron adquirir su parte a los demás miembros para salvarla, pero el voto negativo de los otros —Kenneth Eager (continuador de Cribb), Edgar Holloway (presidente), Thomas KilBride y Winefride Pruden— decidió el fin de la Guilda de San José y Santo Domingo, que fue liquidada en 1989 en medio de la enemistad de los antiguos cofrades. Los edificios de los antiguos talleres fueron demolidos, pero el proyecto inmobiliario quedó trunco y las dos casas que hoy pueden verse son posteriores a la Guilda.

Winefride Pruden siguió viviendo hasta su muerte en la aldea de Ditchling. Holloway falleció en 2008. Jenny KilBride aún vive en Ditchling y presidió la Comisión de Curadores del Museo local. Ewan Clayton vive en la cercana Brighton, donde aún trabaja en un taller de letrería, publica ensayos (el último sobre el famoso Evangelio de Lindisfarne) y da clases en las universidades de Sunderland y Roehampton.

Dados sus orígenes católicos, la principal producción de la Guilda fue el equipamiento de iglesias. Los crucifijos, las imágenes, los reclinatorios, los altares, los devocionarios e himnarios, las vestimentas litúrgicas y la platería, producidas en Ditchling por la Guilda durante sus 70 años de vida pueden aún encontrarse en todas las iglesias locales y en numerosos templos del resto de las Islas Británicas.

Recientemente, siendo una verdadera paradoja, Christie’s subastó seis volúmenes de la revista The Game por £ 1.430 y los ejemplares sueltos de esta revista mensual suelen venderse en Internet en alrededor de £ 100. Así de apreciada por el público es hoy aquella revista que comenzó como una forma de volcar las ideas estéticas y socioeconómicas de Pepler, Gill, Chute y Johnston, en una de las imprentas artesanales de William Morris, producida con hermosas imágenes (xilografías, litografías e ilustraciones) y cuidada caligrafía, por parte de los miembros de la Guilda de San José y Santo Domingo y sus amigos y colaboradores de Ditchling.


La mano, principal herramienta del artesano, y la Cruz -
insignia de la Guilda de San José y Santo Domingo.

Pueden verse numerosas imágenes tomadas de Internet de la comunidad de Ditchling y la Guilda en este sitio.


viernes, 29 de octubre de 2010

Distributismo (ii)

[Escrito original de Karl Jahn. Traducción, títulos y notas de la Liga Distributista.]

La Liga Distributista

En 1925, Chestertón fundó un periódico llamado G. K.’s Weekly; del cual se extrajeron algunos escritos que luego fueron publicados como El marco de la cordura. El Distributismo se convirtió en una fuerza organizada cuando la Liga Distributista quedó fundada el 17 de septiembre de 1926. El Distributismo nunca obtuvo un seguimiento masivo. Sus adherentes eran intelectuales menores influenciados igualmente por el socialismo y el catolicismo: hombres como A. R. Orage, editor del New Age, un fabiano convertido al Distributismo tras pasar por el socialismo corporativista; A. J. Penty, un arquitecto influenciado por William Morris y John Ruskin, que había abandonado la Sociedad Fabiana por su materialismo, y abogaba por La restauración del sistema de guildas (1906); Maurice Reckitt, un anglo-católico y socialista cristiano; W. R. Titterton, a quien Chesterton personalmente convirtió del socialismo al catolicismo, y quien abogaba por la deportación de judíos, escoceses, galeses e irlandeses de Inglaterra; Eric Gill, que también se convirtió del socialismo al catolicismo, y que partió a vivir en forma autosuficiente en un terreno, sin el beneficio de máquina alguna; el Padre Vincent McNabb, un sacerdote dominico que alentaba la destrucción de toda maquinaria y el retorno de toda la población al campo; y Sir Henry Slesser, un político laborista y también otro fabiano convertido al catolicismo. [1] Tanto G. K. Chesterton como Belloc, como ya se notó, habían sido originalmente liberales, pero G. K. y su hermano Cecil eran anglo-católicos y brevemente estuvieron involucrados en el movimiento socialista cristiano. Cecil se había unido a la Sociedad Fabiana, y luego se convirtió al catolicismo romano en 1913; Gilbert esquivó el fabianismo y, finalmente, se convirtió a la Iglesia de Roma en 1922.

Chesterton era el presidente de la Liga, pero Titterton hacía casi todo el trabajo organizacional. La Rama Central de la Liga se reunía en el “Devereux”, un pub cerca de Fleet Street [2]; organizaba las actividades principales de la Liga —conferencias y debates públicos— y fue casi idéntica al comité editorial del G. K.’s Weekly. Rápidamente se establecieron en todas las Islas Británicas y más allá, incluso tan lejos como Australia, capítulos subsidiarios, que eran esencialmente círculos de lectura y discusión. La Liga alcanzó su apogeo en 1928, llegando a contar con más de dos mil miembros.

Una ocasión en que los distributistas se metieron en la arena política fue cuando protestaron por la concesión de un monopolio a la Compañía General de Ómnibus de Londres, sacrificando a los muchos ómnibus de pequeña propiedad privada. Más de un millón de personas firmaron una petición contra ello, pero el monopolio quedó finalmente establecido en 1933. Los distributistas condicionalmente apoyaron al Partido Laborista, donde participaba Sir Henry Slesser, y esperaban vencer con la idea gremial a los sindicalistas; G. K.’s Weekly apoyó resueltamente la huelga general de 1926. Sin embargo, los sindicatos se mostraron más dispuestos a la burocratización y a la dependencia estatal que al sistema de guildas, por lo que la Liga se volvió contra ellos en 1930. Frustrados por todos los canales ordinarios, los distributistas se volcaron a ideas vagas de revolución social, monarquía popular o, incluso, dictadura, y de representación política sobre lineamientos corporativistas. La Liga se desbandó, y el Weekly dejó de publicarse, tras el fallecimiento de Chesterton en 1936.

Belloc mantuvo siempre cierta distancia del G. K.’s Weekly y de la Liga, porque era pesimista respecto a todas las posibilidades, pero siguió elaborando el programa y la interpretación de la historia sobre líneas distributistas en obras como La restauración de la propiedad y La crisis de la civilización. Se retiró tras sufrir un ataque en 1942, y murió en 1953.


Viñeta del 10º Aniversario de G. K.'s Weekly



[1] El autor sintetiza un poco y exagera bastante en estas caracterizaciones, aparentemente con el fin de resaltar lo variopinto del grupo nuclear de la Liga Distributista.

[2] Fleet Street es la calle de Londres donde se encontraban las oficinas de la mayoría de los diarios y periódicos.


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