Foto: Ditchling en la década de 1920

martes, 16 de octubre de 2018

El Mittelstand alemán prefiere trabajadores felices a mayores ganancias


Las compañías enfrentan el enfriamiento económico con balances fuertes y bares llenos.




Olaf Storbeck desde Waldachtal (Freudenstadt, Baden-Württemberg). 

Klaus Fischer tiene un enfoque a los negocios que haría estremecer a un accionista activista. “La tarea que recibí de mi padre es preparar exitosamente la compañía para el futuro, asegurar los trabajos existentes y crear nuevos”, dice el Sr. Fischer de 68 años, quien dice que “no está en eso por el dinero sino por la diversión”. Escondida en un valle remoto al sudoeste de Alemania, a una hora en automóvil desde Stuttgart, Fischer es un productor de tarugos [tacos, espiches, taquetes o chazos] y autopartes con ventas anuales de más de € 800 millones. Sus oficinas centrales recientemente construidas en estilo modernista contienen uno de los “50 mejores bares de Alemania”, un gimnasio de última generación y una intranet que permite a los empleados descargar cuentos para leer a sus hijos. El Sr. Fischer dice que cuenta las décadas más que los trimestres. En los últimos 40 años, el número de empleados se triplicó hasta alcanzar los 5000, mientras que las ventas crecieron diez veces. En 2017, las ventas crecieron 9%, con el grupo expandiéndose a la impresión 3D y a la tecnología táctil. “Siempre me conduje con la necesidad de ser exitoso junto a mis empleados, no solo”, dice el Sr. Fischer; cuya riqueza, la Manager Magazin estima en € 600 millones.

La imagen global de la economía de Alemania puede estar ligada a los autos BMW, a los camiones Daimler y a las turbinas Siemens pero es el Mittelstand, las compañías pequeñas y medianas como la de Fischer, “la columna vertebral de la economía alemana”, como lo ha dicho la canciller Angela Merkel. Jörg Zeuner, economista jefe del prestamista estatal KfW, subraya que “no es para nada un cliché”: el Mittelstand representa el 70% de todos los trabajos y el 90% de los programas de aprendices.

Entre las 3,3 millones de PyMEs alemanas, las líderes ocupan posiciones líderes en mercados específicos —empaquetado de salchichas (Poly-Clip, en Hattersheim), sistemas de presurización de cabina para aviones jets de pasajeros (Nord Micro, en Frankfurt) o modelos anatómicos tridimensionales realistas (3B Scientific, en Hamburgo). 

“Deliberadamente apuntas a nichos de productos que son demasiado complejos para las compañías pequeñas pero al mismo tiempo demasiado pequeños para nuestros rivales mayores”, dice Sabine Herold, propietaria y ejecutiva jefe de Delo Industrie Klebstoffe, especialista en pegamentos en el Gran Múnich que el último año reportó un salto de 67% en las ventas hasta alcanzar € 159 millones tras expendirse exitosamente en el sector de la electrónica.

El consultor Hermann Simon ha acuñado el término “campeones ocultos” para tales empresas. Registró unas 2.700 globalmente, de las cuales casi el 50% están en Alemania. De hecho, la PyMe promedio en Alemania es 1,5 a 4 veces más grande que en el resto de los países de la Unión Europea.
No son inmunes a las crisis económicas pero observadores como el Sr. Simon ven al Mittelstand bien posicionado para enfrentar desafíos como el Brexit o una guerra comercial. “Muchos de sus productos son simplemente indispensables. Si una empresa tiene una participación de mercado del 50 ó 70%, no puedes reemplazarla.”

Los balances fuertes ayudan. “Los propietarios familiares están personalmente expuestos a los riesgos de la empresa y, por lo tanto, tienden a actuar de una manera más sostenible y pensar en el largo plazo”, dice Edith Weymayr, miembro del directorio de una división del Commerzbank, uno de las PyMEs líderes del mercado de préstamos. Como consecuencia, los balances del Mittelstand tienden a ser sólidos como la roca. En promedio, el patrimonio neto representa un 39% de los activos.

Trumpf Group, una compañía familiar de herramientas y tecnología láser con sede en Ditzingen, al norte de Stuttgart, atravesó la crisis financiera de 2008 sin ningún despido. “Ésta es la aspiración de la familia propietaria para encarar cualquier crisis futura”, dice Lars Grünert, director financiero. 

Con fábricas en tres continentes y cuatro quintos de sus ingresos anuales de €3.600 millones generados fuera de Alemania, Trumpf está expuesto a la volatilidad de la economía global.

Hace un año la empresa comenzó un plan para tiempos tormentosos, lanzando un proyecto con nombre código “Koyer” — un término en alemán antiguo para los constructores de represas. 

“En algunas áreas de negocios, la demanda es aún tan fuerte que luchamos para poder satisfacerla”, dice el Sr. Grünert. Pero agrega que las órdenes chinas de herramientas se están ablandando y que la unidad de negocios está quedando por detrás de sus objetivos.

Las debilidades internas con frecuencia vienen del planeamiento sucesorio y de los feudos familiares. Un grupo tecnológico con sede en Múnich, el grupo Knorr-Bremse, líder global en tecnología de frenos para camiones y trenes, el patriarca de 77 años Heinz Hermann Thiele en 2015 se peleó con su hijo Henrik. En vez de tomar un cargo gerencial, abruptamente dejó la empresa.

Algunos se preocupan que la fortaleza del Mittelstand en ingeniería oscurezca su debilidad en tecnología digital.

Existen contra ejemplos, sin embargo. Brainlab, que produce software de visualización para neurocirujanos, ha tallado el código fuente de su primer software en el vasto frente de vidrio de su imponente nueva oficina central en Múnich.

Hoy sus 1350 empleados generan € 280 millones de ventas anuales. La empresa cuenta como clientes unos 5100 hospitales en unos 100 países. “Cuando comenzamos, el término digitalización no existía”, recuerda Rainer Birkenbach, el ejecutivo tecnológico jefe de Brainlab, quien se incorporó a la empresa como uno de los primeros empleados. 

La gran mayoría de los investigadores de Brainlab tienen su sede en Múnich, lo que según afirma el Sr. Birkenbach no es ninguna desventaja con respecto a las empresas de Silicon Valley. “Buscamos tercerizar partes de nuestras actividades de investigación, desarrollo y programación varias veces”, dice. “Siempre llegamos a la misma conclusión: tiene mucho más sentido mantenerlas aquí en Alemania.”


viernes, 24 de agosto de 2018

Permacultura: Las tres claves del éxito

[Como ya hemos explicado en otras oportunidades, la permacultura --lo mismo que otras teorías socioeconómicas similares-- no son propiamente Distributismo, aunque pueden aportarle algo. En este caso, nos resultó interesante el último número de la revista francesa Famille Chrétienne.]

La jardinería en permacultura significa establecer un entorno en el que las plantas cultivadas estén a gusto, desde su siembra hasta la cosecha. Frente a una gran diversidad de entornos (condiciones climáticas y tipos de suelo), las respuestas de permacultura son paradójicamente las mismas. Giran en torno a tres ideas clave cuya implementación es suficiente para potenciar el crecimiento de las plantas cultivadas con una gran economía de medios.

1. Nunca dejes la tierra desnuda.
Cubrir la tierra --con plantas o basura orgánica (trituración o astillas de madera por ejemplo)-- compensa los efectos negativos del medio ambiente: calor excesivo y sequía o, por el contrario, humedad y frío. Esta misma cubierta limita la aparición de malas hierbas no deseadas y les impide competir con cultivos existentes. Finalmente, mejora la estructura y la riqueza del suelo.

2. Minimizar la labranza
Pobre y lento, tan caro en energía, la excavación está en contradicción con los primeros objetivos de la permacultura. Además, al mezclar la capa superficial orgánica y los horizontes minerales profundos, el vuelco del suelo perturba a los organismos vivos que prosperan a varias profundidades [...]. También presenta algunos "efectos perversos" que el jardinero no aprecia, como traer a la superficie, y así germinar, semillas de malezas enterradas en profundidad [...]. Al preservar el horizonte de la superficie orgánica donde la humificación (transformación en humus) es la más importante, se permitirá que el suelo de un jardín mantenga naturalmente y a un costo menor su flexibilidad y aireación.

3. Ir a buscar basura
En un jardín dirigido a la permacultura, no se pierde nada, ni en materia orgánica, ni en agua. Todo se usa y se reutiliza, eventualmente encajando en un "círculo virtuoso" del que el jardinero saca provecho. Por lo tanto, la materia orgánica mantiene una dinámica microbiana del suelo que permite un mejor crecimiento de las plantas, por lo tanto más materia vegetal, un material vegetal recuperada para permitir a su vez un mejor crecimiento de las plantas. Y así siguiendo. [...] Todo el material vegetal es potencialmente humus y no debe descuidarse [...]. Otro elemento esencial para las plantas, el agua (una planta se compone de casi un 90% de agua) también forma parte de un ciclo natural en el que el riego debe encontrar su lugar de manera natural y espontánea.



[https://www.famillechretienne.fr/politique-societe/environnement/permaculture-les-trois-cles-de-la-reussite-225524]

miércoles, 21 de marzo de 2018

Entrevista a Daniel Rabourdin


¿Existe una manera católica de comer? Daniel Rabourdin dice que sí

 

Y otras enseñanzas del presentador del programa “Teología de la mesa” de EWTN.


Por Teresa Limjoco.

¿De dónde vienes?
De la región de Provenza en Francia, que yo llamo “la Toscana francesa”. Mi familia vivió allí por generaciones. Pude conocer a mis abuelos y bisabuelos y la fibra social era muy estable. Es importante tener raíces en un lugar.

¿Por qué piensas eso?
La vida no es perfecta, pero si los niños tienen discrepancias con sus padres, pueden encontrar resguardo con sus abuelos o bisabuelos en la misma casa o pueblo.
Para mí, la importancia de las raíces está en la transferencia de la experiencia de miles de personas antes que tú. De generación en generación… Si no tienes esto, tienes menos inteligencia.

¿Siempre has sido tan devoto?
Crecí como católico pero entre los 24 y 32 años, cuando vine a los Estados Unidos, me hice agnóstico.
Pero creo que haber pasado por ello fue casi necesario como forma de lograr una “fe adulta”, ya que se convirtió en una decisión consciente. Volví al cristianismo debido al hecho de que la Iglesia no es una ideología más; tiene amor de caridad. Eso está más allá de todo sistema. Entonces mejor que la pongamos en práctica. La religión no debe ser sólo una actividad “ritualista”.

Eres un graduado de la Sorbona, ¿verdad?
La educación pública en Francia era de una educación de buena calidad con una fuerte disciplina –no se podía hablar en clase, por ejemplo—. Pero existía ya una ideología anti-cristiana. Más tarde fui a un colegio católico creado por laicos. Casi no existían buenas escuelas en manos del clero. Mi escuela se especializaba en la filosofía tomistas y recibí mi Maestría en Filosofía por la Sorbona a los 21 años en 1983.

¿Cómo llegaste a EWTN?
Mientras estudiaba televisión en los EE.UU. y Europa, era escritor independiente para la prensa francesa. Cuando me quedé sin dinero, puesto que este trabajo no paga bien, el Padre Fessio de Ignatius Press me recomendó “golpear la puerta” de EWTN, y fui contratado casi en el acto. Fui productor de televisión allí durante diecisiete años.

¿Qué comías cuando creciste en Francia?
Como solía decir mi abuelo: “Comía de todo un poco”. Mi propio padre comía alimentos orgánicos y frescos. Todos los días teníamos sopa casera, o pasta de harina de trigo y pan de masa madre sin levaduras artificiales. Los domingos, pollo, pescado o conejo. Dos veces al año, tal vez, carnes rojas. Comíamos grandes cantidades de lácteos, incluyendo yogurt y queso. Mucha manteca, mucho aceite de oliva. Y siempre todo fresco. Nunca comíamos nada procesado. Los adultos tomaban una copa de vino tinto diariamente. La comida tenía que saber bien y ser sana al mismo tiempo.



¿Cuál es el vínculo entre el tomismo y la mesa?
La filosofía tomista es muy sabia en cuanto a la no separación entre la mente y el cuerpo.
Santo Tomás de Aquino decía que hay dos deseos mundanos y naturales principales en el hombre: uno que permite a la especie sobrevivir (el interés sexual) y otro que permite al individuo sobrevivir (el interés por la comida).
Pero todos los deseos naturales necesitan ser progresivamente ordenados por los buenos hábitos, por modales también llamados “virtudes”. Para tener una vida buena, debemos descender conscientemente y con la gracia de Dios a la vida de nuestros deseos. Si no lo hacemos, no somos más que animales, o algo peor. Pero esto no significa para nada negar nuestros deseos corporales. Simplemente los pondremos en armonía con el resto de nosotros mismos y con el mundo.

¿A qué te refieres como “virtud” cuando hablas de comer?
Quiero decir, por ejemplo, que lo que se opone a la gula es la templanza y que ésta es una virtud necesaria para tener una vida buena. Debemos saber cuándo parar de comer.
Hacerlo es como mirar con inteligencia nuestro future. Esto significa que si tenemos 20 años, nos preocupamos por nosotros mismos “cuando tengamos 60 años”. Nos preocupamos de nosotros mismos con una comida apropiada, un ejercicio apropiado y un estilo de vida apropiado.
La sabiduría de las generaciones debería enseñarnos que, por ejemplo, el azúcar refinada no es buena. Ya hay suficiente dulzor en los higos y las frambuesas. Y en los higos y las frambuesas hay, además, minerales y vitaminas. El dulzor es una ingeniosa manera que tiene el universo de la comida para hacernos comer aquello que es bueno para nosotros. Pero si comemos azúcar casi pura en galletitas de harina blanca, no estamos comiendo algo alimenticio.
Ese “buen hábido” de comer frutas en vez de azúcar pura puede ser enseñado a los niños en una crianza tradicional. Los abuelos, quienes han comprendido con el tiempo que el azúcar refinada los deja cansados y sin nutrientes, pueden decírselo a los nietos.
Si los niños no escuchan esto y miles de otras cosas acerca de la comida, comienzan a vivir sus vidas privados de cientos de años de sabiduría acumulada. Voy a sonar fuerte aquí pero creo que esto es como volver a la Edad de Piedra. Todo el conocimiento debe ser adquirido de nuevo desde cero.

¿Entonces una crianza tradicional enseña a los niños a comer apropiadamente?
Muchísimo… Como niños y si no somos corregidos, preferimos comer pollo con papas fritas, en vez de espinaca y yogurt probiótico. Comemos la comida “fácil” incluso si puede dañarnos en el futuro. La gula es como la avaricia, ser un niño sin padres nos hace así, ser un veinteañero que no escuchó a sus abuelos nos hace así.
Otro buen hábito de alimentación es que la comida debe saber bien y ser buena.
Y todos estos principios deben aprenderse de manera divertida.
He aquí un “truco” que mi padre usó con nosotros sus hijos. Nos servía en nuestros platos algo de ajo salteado, zanahorias y perejil. (El objetivo era enseñarnos a comer las comidas más diversas y sanas. Así seguimos comiendo así en el futuro.)
Nosotros, los niños, nos sentíamos aterrados por esas zanahorias.  Pero mi padre no nos forzaba. Sólo se comía lo que dejábamos con exagerado disfrute. De modo que nosotros, sus hijos, reaccionábamos diciendo: “¡también queremos si tanto te gustó!”. Mi padre no nos imponía, usaba la diversión. Pero se preocupaba en transferirnos estos conocimientos: comed de manera tan diversa como sea posible, tan fresca como sea posible y seguid extendiendo vuestra experimentación con la comida.

¿Qué piensas de la manera en que comen los estadounidenses?
Durante algunos años me sentí en estado de shock. (Risas.) En mis primeros años aquí, escuchaba a gente repetir con culpa “esta comida es tan rica” o “esta comida es tan decadente”. Y estaba sorprendido. ¿No se suponía que la comida era para “enriquecernos”?
He aquí otra comida. Unos años atrás, estaba saliendo con una linda joven estadounidense y descubrí progresivamente que sufría de depresión. También era anoréxica. De modo que comía muy poco. Si me visitaba y era la hora de la comida, cocinaba para ambos, pero básicamente yo era el único que comía. Ella sólo tomaba una cucharada de comida.
Pero una noche, cuando la comida era más sabrosa y se vía mucho mejor, sólo le serví cinco cucharadas en su plato. Para mi sorpresa, ¡comió todo! Era tan feliz. Y le pregunté qué había pasado.
Me dijo que le había cocinado con amor. Le había servido con amor, y así había comido. Tuve que entender que sus padres habían sido intelectuales que viajaban frecuentemente dejándola al cuidado de niñeras. Su madre casi nunca había cocinado para ella. ¿Para qué iba a comer?
Pero ahora yo me preocupaba por ella y, comiendo, volvió de alguna manera a la vida. La comida le había aportado amor y la comida le aportaba vida.
Se me llenaron los ojos de lágrimas.

¿Por qué crees que tantos estadounidenses tienen problemas de alimentación?
En los Estados Unidos vivimos en una cultura protestante. “Sólo la fe” tiende a ver las obras terrenas como algo que no cuenta para el Cielo.
Pone un abismo entre la fe y la vida real aquí en la tierra. De ese modo, la gente reza de una manera pero trabaja da otra. De esta dualidad, sacamos expresiones como “los negocios son negocios” o “la guerra es algo feo de cualquier modo”.
Pero una cultura católica quiere que la gracia salve este cuerpo real, esta vida real. Quiere que la gracia caiga como lluvia sobre la tierra y se hunda en ella. Y sostiene que las obras de la gente participan en la salvación de Cristo.
Esa participación debe estar presente en los negocios, la política, las artes y, también, en la forma en que comemos. Y recordemos que este “acto de comer” es algo importante, es la manera en que sobrevivimos como individuos.
Necesitamos concientizar a la gente acerca de poner amor y alma también en la manera en que comemos. Muchos piensan “la comida no es tan importante”. ¿Pero por qué corren a la heladera cuando llegan a casa por la noche?
Esto es similar a aquello de la Madre Teresa: “la pobreza de Occidente es que no somos queridos”. No siendo amados, no siendo queridos, resolvemos muchas veces comer en exceso mala comida.
Para muchos, la comida es como la pornografía. Es alta en azúcares, es alta en sal, es mucha en cantidad. Pero no los alimenta.

¿Qué piensas que debe hacer la gente?
Creo que algo inteligente que no dije es que debemos “hablar” amablemente con nuestros deseos de comida; como un hermano mayor habla con un hermano menor, no como un tirano habla con su esclavo.
Por ejemplo, podemos tener ansiedad de comida azucarada a las 3 de la tarde. La forma tiránica de ocuparse del problema es decir un rotundo “no” a ese deseo. Pero esto  no siempre funciona.
Pero el modo del amable hermano mayor es más efectivo. En vez de decir “no”, debemos prepararnos para el momento de ansiedad con comidas saludables alternativas que tengan un lado dulce: zanahorias tipo “baby”, pedazos de manzana, higos secos, etc. Deberíamos tener siempre una bolsa de comida siempre llena de eso.
Lo que estoy diciendo es que no debemos ser “tiranos” con nuestras emociones. Si hemos tenido una dieta de chocolate líquido durante meses (lo que es cansador y tiránico), nuestra ansiedad volverá de forma vengativa ¡y nos llenará de kilos mucho más que antes!
Lo que funciona es un método progresivo, paciente y amoroso. El método del “hermano mayor amable”. Lo que no funciona es el método tiránico, el método del “amo al esclavo”. Sólo genera dolor, frustración y, más tarde, la venganza del “hermano menor dentro nuestro”.

¿Por qué tanta gente tiene tanta dificultad al controlar su apetito en los Estados Unidos?
Esta cultura tiene una inclinación bastante puritana: condena lo divertido y el placer cualquiera sea. No imagina que pueda haber una forma civilizada de divertirse y tener placer. La manera civilizada de entretenerse va de la mano con la virtud. Como Jesús en las bodas de Caná quien aceptó transformar más agua en vino.
En un medioambiente puritano, el placer sólo significa glotonería y promiscuidad. Entre lo ultra tiránico y lo ultra indulgente no ven una manera balanceada de disfrutar la vida.
Pero si somos “hermanos mayores” amorosos y amables con nosotros mismos, no somos ni destructivos ni inmorales.

Has hablado de la necesidad de volver a la comida en familia o en comunidad.
Todo el tiempo… Debemos volver a la comida en comunidad.
Creo que puede tomar el siguiente camino. Primero, las mujeres deben dejar que los hombres recuperen su lugar en el hogar, en la educación de los hijos. Se quejan de que ya no hay hombres reales, pero no dejan de criticarle a los hombres que sean hombres con sus hijos.
Debemos dejar que los hombres (hombres justos y equilibrados) traigan la fuerza necesaria para implementar lo que es bueno en el hogar. Por ejemplo, hacer respetar el horario para comer todos juntos.
Y es tiempo de redescubrir lo que es ser alimentador. Miremos el profundo significado de la alimentación materna del bebé. ¿Por qué no continuar de esa manera cuando cocinamos?
Y en esto, el amor real nos pide que proveamos comida real. El amor real nos pide que no les demos a los niños “chicitos” sino puré de papa casero. El amor real nos pide que les demos manteca real, no margarina. Que les demos verduras que tienen antioxidantes, no cereales con fibras…
Todo se trata de calidad, no de cantidad.

¿Qué está pasando en Francia en términos de la cultura y la religión?
La buena noticia es que existen nuevas comunidades que, aunque algo carismáticas, son como las aldeas que en la Alta Edad Media crecían alrededor de los monasterios, mientras el caos reinaba en el resto del país. En estas comunidades existe una vida social amorosa. La gente de allí tiene roles diferentes como ser líderes, sacerdotes o miembros. Se componen nuevas canciones, se crea un nuevo arte, se utilizan nuevas técnicas de construcción y se fabrican nuevas artesanías. Y otra gente puede verlos desde afuera como un lugar de alegría y aceptación.
También están las parroquias de misa latina. Comparten una comida después de misa. La gente de afuera puede ver cómo se quieren los unos a los otros. Todos éstos son como “burbujas de amor”, donde el calor es visible para otros.
Ciertamente en Francia aún saben cómo comer bien. Pero en mi opinión, la mayoría de la gente ha olvidado cómo trabajar bien, lo que aún es fuerte en las culturas protestantes.
En los Estados Unidos disfruto el aliento a la iniciativa y el respeto del éxito. Hay tanto positivo en esto.
De alguna manera, he llegado a la conclusión de que existe en Francia alguna forma de puritanismo hacia el éxito, hacia la prosperidad. Mucho más que aquí, la gente desprecia a los ganadores. Es un dejo de marxismo, creo.
Pero esto es tan hipócrita como el puritanismo de la carne. Porque, al final del día, los franceses aún disfrutan de un buen par de zapatos, de unos ricos dulces y de unas lindas vacaciones. Cada una de estas cosas necesita de la prosperidad, necesita que alguien tenga éxito en eso y que sea premiado por ello.
Distintos países y naciones tienen sus fortalezas…

¿Cuál crees que es el vínculo entre el catolicismo y el correcto uso de la naturaleza y de los alimentos que tomamos de ella?
Aquí de nuevo, creo que no deberíamos dividir la fe y la vida real. Debemos creer que esta tierra puede ser conducida nuevamente al plan inicial de Dios por medio de la gracia y las obras de los hombres.
Y así como debemos amar nuestro cuerpo y elevarlo con las obras de las virtudes, debemos amar la naturaleza y cuidarla. Existe por ejemplo un mal manejo de los animales. Amontonar a las gallinas como lo hacemos no es correcto. Alimentar al ganado vacuno con granos en vez de pasto no es correcto. Y, al final, terminamos también sufriéndolo: nuestra comida es de baja calidad. Personalmente, creo que mucha de la comida que como no huele bien.
Creo que debemos dar a esos animales una mejor vida. Sé que la comida que proveerán será más cara, pero sólo tendremos que comer menos de ella. De cualquier forma, será mucho más sana. De nuevo, esto significa mayor calidad y menor cantidad. Por eso, menos con más calidad, seremos mucho más sanos.
Pero no creo en forzar a la industria a hacerlo. Si nosotros, los consumidores, compramos lo de mejor calidad, aunque con menor frecuencia, influenciaremos naturalmente a la economía.



¿De dónde sacaste estas ideas?
Hubo un diálogo que comenzó en mí, acerca de mis padres. Mi padre era todo “comida saludable”. Mi madre, que tuvo una vida dura y un gran corazón, frecuentemente caía bajo la tentación de la comida rápida. Le hacía mal, murió joven y sigo pensando en ello.
Una vez que aterricé en la vida estadounidense, tuve que articular una respuesta a la forma de vida que veía aquí. Y también me preocupaba la gente. Entonces los amigos me pidieron que escribiese esas ideas. Otros me dijeron que los hice descubrir todo un universo nuevo: el de la comida verdadera y buena. Y debo decirte que ver la cara de alguien que prueba tu comida sabrosa y sana por primera vez, vale un millón de regalos de Navidad. Es tan bello.
Además, sólo articulé una forma de vida que me fue dada. Yo no inventé nada. Si la manera de comer francesa (o italiana, o española, o libanesa) ha sido delineada durante dieciséis siglos de fe católica, no pudo no haber dejado rastros en la gente. Lleva tiempo desarrollar una buena tradición alimentaria. Pero esto no es sólo cosa del cristianismo. Es la sabiduría natural de la gente que nos es transmitida. Sólo en tiempos modernos, cortamos con el pasado.

¿Cómo surgió la idea del programa “Teología de la Mesa”?
Estaba sentado con una pareja de ancianos en su mesa y hablábamos acerca de la manera en que comemos y creemos. Mis amigos me alentaron a escribirlo, a producir un programa de televisión sobre el tema. Me llevó dos años de pensar y convencer a los directivos de EWTN hasta que el programa finalmente fue producido. Tuve que comenzar a escribir un libro al mismo tiempo, que aún no está terminado…
Todos los cristianos deberían ver el vínculo existente entre sus comidas, la cena pascual, la Última Cena, la crucifixión y la Santa Misa. Jesús nos dejó el más alto sacramento que existe en la forma de una comida: la Eucaristía. Es una recreación de la crucifixión, pero en la forma de una comida.
¿Por qué Dios en su infinita sabiduría eligió una comida como su más elevado sacramento? Podría haber elegido cualquier otro acto humano, la carpintería, los deportes, caminar… Pero, en vez de eso, eligió el alimento común del hombre. Debe haber mucho de bueno en la comida en comunidad, ¿no?

¿Existe un vínculo entre la Misa y la comida?
Hemos olvidado nuestra fe incluso en la Misa. Decimos “el pan de vida” al referirnos a la Santa Comunión, pero no lo vivimos. Cuando tomamos la comunión, ¿realmente vamos a recibir el Pan de Vida que es Jesús como alimento?
Todo esto sólo es comprensible y vivido si redescubrimos el valor de comer todos juntos buena comida.

¿Cuál es tu esperanza?
Yo sólo ofrezco soluciones. La gente puede aplicarlas o no. Y sólo soy una voz entre muchas.
Cuando la gente dice “no tengo tiempo para cocinar”, veo una solución. Para la mayoría de nosotros, el tiempo es absorbido por mirar televisión o llevar a los niños a las prácticas de deportes.
La televisión puede ser reemplazada por la charla de todos en la mesa. Hacer deportes diariamente con una meta profesional puede ser reemplazado por hacer deportes tres veces por semana en horarios que no compitan con la comida familiar.

¿Cómo te está yendo con el libro Theology of the Table?
Creo que lo habré terminado para el verano próximo. Ahora estoy trabajando al 100% en el docudrama ‘The Hidden Rebellion‘.

¿Estás pensando en producir futuros programas de televisión en EWTN?
Sí, están abiertos a sugerencias. Pero también me gustaría aventurarme en los canales de cocina. Pero primero necesito muchos anunciantes, mucho trabajo previo y unos 200.000 dólares.

[https://reginamag.com/catholics-need-make-like-french-eat-together/]


jueves, 2 de noviembre de 2017

Queso, vino y familia: La receta italiana para vivir más de 100 años

Patrick Browne, The Local, viernes 29 de abril de 2016.

Un informe publicado el 26 de abril de 2016 reveló que el número de centenarios en Italia se había triplicado en quince años.

Existen ahora unas 19.000 personas con más de 100 años, un número que los expertos dicen está propulsado por la dieta única del país y su peculiar estilo de vida.

No se trata sólo de centenarios. Italia tiene la segunda expectativa de vida más alta del mundo, que según la Organización Mundial de la Salud se estima en 83 años. Pero los italianos no sólo viven más que sus vecinos europeos, sino que viven más con mayor energía y vigor.

Los ancianos italianos tienen citas románticas, andan en motoneta alrededor del pueblo y alientan a sus equipos de fútbol desde las tribunas, a edades en que la mayoría de la gente adulta en otros países están muy debilitados.

Hay ejemplos en todo el país.

A sus 116 años, Emma Moreno es la mujer europea más anciana y vive sola en su casa de Verbania (Piamonte). El pueblo de Montemaggiore Belsito, cerca de Palermo (Sicilia), cuenta nueve centenarios entre sus sólo 3.500 habitantes.

El fenómeno es tan extraño que ha llamado la atención a la comunidad científica mundial, cuyos miembros han estudiado todo, desde los genes italianos hasta la dieta mediterránea, con el fin de encontrar por qué los pensionados del país están siempre verdes.

Uno de los sitios que más atención ha recibido cuando se trata de investigaciones sobre longevidad es la isla de Cerdeña.

"La isla es hogar de la única 'zona azul' de Italia", dijo a The Local el investigador italiano Gianni Pes, el primero en acuñar la frase en 2000. "El término es usado para describir un área geográfica que es hogar de un número significativo de residentes de 100 o más años."

Existen sólo otras tres "zonas azules" en el mundo: una en la isla japonesa de Okinawa, otra en la penínsulaaa de Nikoya en Costa Rica y otra en la isla griega de Ikaria.

La "zona azul" de Cerdeña cubre una franja al centro-sur de la isla entre las ciudades de Nuoro y Olgiastra. Aquí abundan los cuentos sobre logros de longevidad casi sobrehumanos.

En el pueblo de Perdasdefogu, cerca de Ogliastra, cuando Consolata Melis cumplió 106 en 2013, ella y sus ocho hermanos fijaron un nuevo récord mundial de un grupo de hermanos con mayor longevidad, cuando la familia sumaba 818 impresionantes años entre ellos. Melis murió en junio de 2015, tres meses antes de su cumpleaños centésimo octavo.

La famosa longevidad sarda se ve reflajada incluso en una expresión de buenos deseos tradicional en dialecto "akentannos", que literalmente se traduce como "que vivas hasta 100".

¿Pero cómo es que hacen estos sardos para vivir sin enfermedades y por más tiempo que en cualquier otro lugar?

"Entre 75 y 80% del fenómeno se resume en factores de vida, tales como la dieta y los lazos familiares", explicaba Pes.

Aunque los científicos han identificado un "gen de la longevidad", que se ha encontrado concentrado en las montañas aisladas de Cerdeña debido a la ausencia de forasteros, los investigadores sin duda reducen su importancia.

Como en casi todo el resto de Italia, la dieta en Cerdeña es baja en carne, está basada en la producción local y es alta en contenido de legumbres y semillas leguminosas. En particular, la investigación ha demostrado que el vino tinto y el queso regionales, que los habitantes de esta "zona azul" degustan diariamente, juega un rol importante en mantenerlos siempre jóvenes.

Los quesos hechos de leche de oveja y cabra, como la ricota local y el tradicional casu ajedu, contienen altas dosis de la bacteria lactobacilo que ha demostrado mejorar la digestión y la salud genital y urinaria, por lo que se cree que tienen un papel protagónico en mantener la vitalidad de los pensionados.

El vino local también se cree que tiene algo de elíxir.

El tinto de color rojo rubí y paladar rústico Canonnau, bebido con cada almuerzo y comida, es alto en componentes antioxidantes que ayudan a ralentizar el proceso de envejecimiento.

Debido a una ráfaga de publicidad reciente, la demanda global de estos productos está en sus máximos, tanto que el alcalde de Gavol, en la "zona azul", cree que podría reforzar la economía regional.

"Si el interés y la demanda continúan, deberíamos poder pasar de los proyectos industriales y basar nuestra economía en la exportación de nuestras comidas y bebidas tradicionales", dijo el alcalde Giovanni Cagusi a The Local.

Aunque el plan de comer más comida sarda para vivir más suena tentadora, la dieta es sólo uno de los factores de vida que empujan el fenómeno.

"La forma en que tratamos a nuestros ancianos es probablemente tan importante como la dieta entre las razones por las que vivimos más", agrega Cagusi. "En nuestro pueblo de 2.700 habitantes todos se conocen entre sí y los lazos familiares son muy fuertes."

Los lazos familiares fuertes significan que los mayores son cuidados con amor y respetados por sus más cercanos y más queridos, un hecho que según los científicos puede dar a una persona entre cuatro y séis años más de vida.

"En Cerdeña, y esto es así a lo largo de toda Italia, existe una especie de culto que rodea a los mayores", explica Pes.

"El afecto generoso y el cuidado que reciben de sus seres queridos ha demostrado proteger contra enfermedades relacionadas con la edad y contra la degeneración cognitiva. La gente que vive sola más allá de los 80 años tienen una expectativa de vida mucho menor que aquéllos que tienen lazos familiares más próximos."

Pero Pes advierte que las "zonas azules" no son fijas. A medida que las fuerzas de la globalización llegan a las esquinas más remotas de la Italia rural, los estilos de vida cambian atrayendo mayores riesgos para los bolzones de súper centenarios.

"Ya hemos comenzado a ver caer la incidencia de centenarios en Okinawa desde que los hábitos de vida modernos llegan. Todavía no hemos visto esto en Cerdeña, pero tenemos que recordar que las 'zonas azules' no son estáticas."

De hecho, hay gente que está intentando usar a Cerdeña como una especie de plano para crear nuevas "zonas azules" alrededor del mundo.

En 2015, la ciudad texana de Fort Worth invirtió cincuenta millones de dólares en un proyecto de "zona azul" diseñado por el periodista estadounidense Dan Buettner. El programa manda que el ayuntamiento local aliente a los residentes a adoptar una forma de vida más "sarda" con el fin de mejorar la salud de los ciudadanos.

Al final, la ciencia de vivir hasta los cien es compleja y no existen garantías, pero la vida simple de Cerdeña y de otras partes rurales de Italia puede que tengan la clave.

Al menos, la ciencia nos da la excusa perfecta para desempolvar nuestras tablas queseras, descorchar una botella de Cannonau y sentarnos a conversar con nuestros parientes ancianos.

¿El vino Cannonau tiene la llave de la longevidad? [Foto: Marco Mancuso/Flickr]




martes, 28 de marzo de 2017

Sobre Educación Comercial


Hace mucho tiempo señalaba la falacia de pedir un hombre práctico. Notaba, lo que debería ser obvio, que cuando un problema es realmente malo y básico, rogar, pedir y gritar por un hombre impráctico. El hombre práctico sólo conoce a la máquina en la práctica, del mismo modo como muchos hombres pueden manejar un automotor sin poder arreglarlo y menos aún diseñarlo. Cuanto más serio es el problema, lo más probable es que se requiera algún conocimiento científico teórico; y aunque del teórico se diga que es impráctico, probablemente también sería indispensable. Lo que generalmente se quiere decir cuando se habla del hombre de negocios es de un hombre que conozca la forma particular en que nuestros negocios modernos generalmente funcionan. De ello no se sigue que tenga la imaginación suficiente para sugerir algo distinto cuando obviamente no funciona. Y (a menos que tanto me equivoque al leer los signos de la moderna transición) nos estamos acercando rápidamente a un tiempo en que todos estarán buscando a alguien que pueda sugerir algo distinto.

Me complace ver que el razonamiento que apliqué al reformista impráctico ha sido utilizado, por un hombre indudablemente práctico, para referirse al instructor impráctico. John C. Parker, un estadounidense cien por ciento, un ingeniero altamente exitoso, el agente vigoroso de una sociedad llamada como Edison —en breve, un hombre con todos los incuestionables estigmas del Hombre Común, riguroso y energético en la aplicación de la ciencia empresarial—, recientemente ha sorprendidos a sus amigos al dictar una conferencia con el nombre realmente admirable: “Se busca una Educación Impráctica”. Sólo he leído sus observaciones de manera indirecta, pero me parecen observaciones bastante excelentes. “Mi queja es que entrenar a la juventud para ganar un salario no es ninguna educación; en segundo lugar que un entrenamiento específico alejará a los jóvenes de la oportunidad de ganar una mejor vida; y tercero que no se puede lograr en la escuela.” También, “indefectiblemente preferiría una educación que lo haga capaz de felicidad y decencia aún en la pobreza, que una que lo conduzca a la riqueza a través del sacrificio de sí mismo y de su carácter”. Éstos son casi sorprendentes consejos sensibles; aunque no puedo conjeturar cómo se verán al lado de esas publicidades brillosas y extenuantes con inscripciones como “Puedes agregar diez mil dólares a tu salario” o “Este hombre triplicó sus ingresos en dos semanas”.

Pero este extraordinario asunto llamado Educación Empresarial, que ha comenzado a recibir apoyo en Inglaterra luego de haber subsistido durante bastante tiempo en los Estados Unidos, tiene otro aspecto quizá no tan fácil de explicar. Cuando digo que quiero formar al ciudadano y no al hombre de la ciudad, o el equívoco “algo en la ciudad”, quiero decir incluso más que lo que busca transmitir el Sr. Parker con su idea justa y racional de “adecuar a los estudiantes para vivir de manera más rica y más completa, y contribuir más ampliamente al bienestar del grupo social que ha pagado por su educación”. Siendo yo mismo un sobreviviente senil del viejo ideal republicano (uso el adjetivo para expresar el principio político estadounidense, no el partido político de ese país), quiero decir algo más, así como el mero disfrute social de la cultura. Quiero decir que formar a un ciudadano es formar a un crítico. El objetivo final de la educación es dar al hombre estándares abstractos y eternos a través de los cuales pueda juzgar las condiciones materiales y fugitivas. Si el ciudadano quiere ser un reformista, deberá comenzar con alguna idea que no haya surgida simplemente de la mera observación reverente de las instituciones no reformadas. Y si alguien pregunta, como tantos: “¿Cuál es el objeto de que mi hijo estudie sobre la antigua Atenas y la remota China y los gremios y monasterios medievales, y toda clase de cosas muertas o distantes, cuando quiero que sea un alto plomero científico en Pimlico?”, la respuesta será lo suficientemente obvia. “El objeto de aquello es que tenga algún punto de comparación, que no sólo impida que suponga que Pimlico cubre la superficie entera del planeta, sino también le permita, al mismo tiempo que dé crédito a las bellezas y virtudes de Pimlico, señalar que, aquí o allá, como se lo revelan experiencias alternativas, incluso Pimlico puede ocultar en algún lugar un defecto”.

Ahora bien, la molestia de toda esta noción de educación empresarial, de un entrenamiento en ciertos negocios, sea para plomero o para plutócrata, es evitar que la inteligencia sea lo suficientemente activa como para criticar propiamente a los negocios y a las empresas. Comienzan llenando al joven, no con sentido de la justicia para que pueda juzgar al mundo, sino con el sentido de un destino inevitable o una dedicación inevitable con el que tenga que aceptar este particular muy mundano aspecto del mundo. Incluso aunque sea un niño ya es un empleado bancario y acepta los principios de la banca que Joseph Finsbury ha explicado gentilmente al banquero. Incluso en la guardería ya es un actuario o un contador que tartamudea los números y los números vienen. Pero no puede criticar los principios de la banca ni entretenerse en la moda intelectual de que el mundo moderno ha sido hecho demasiado semejante al culto pitagórico de los números. Pero eso es porque jamás escuchó sobre la filosofía pitagórica, ni, de hecho, sobre ninguna otra filosofía. Nunca se le ha enseñado a pensar, sólo a contar. Vive en un frío templo de cálculos abstractos, en el cual los pilares son columnas de guarismos. Pero no tiene el sentido básico de la religión comparada (en el verdadero sentido de esa frase tan traída), por el cual podría descubrir si está en el templo correcto, o si quiera distinguir un templo de otro. Esto ya es suficientemente malo cuando estamos tratando con el sentido normal de número y cantidad, los fundamentos eternos del comercio racional y permanente, que son esencialmente tan puros y abstractos como los de Pitágoras. Pero se convierte en absurdo y peligroso a la vez cuando tratamos con meros revueltos de especulación e ilusión económica, lo que en EE.UU. y otros lugares se llaman negocios; con toda su publicidad degradante, con todo su secretismo peligroso. Comenzar la formación de un joven enseñándole a admirar estas cosas, y entonces llamar a esto Educación Empresarial, es exactamente como enseñarle a adorar a Baal y Bafomet, y entonces llamarlo Educación Religiosa. Y mucho de lo que se llama entrenamiento comercial es realmente de este tipo. Stevenson, con la asistencia de Lloyd Osbourne (él mismo americano), ofrece un esquema muy vívido y sorprendente de esto en Los Traficantes de Naufragios (The Wrecker). Su héroe estadounidense con justicia se resiente por convertirse en el hazmerreír simplemente por escribir la palabra “color” a la americana; pero agrega que sus críticos podrían haber tenido un mejor sustento de haber sabido que su padre “había pagados grandes sumas para criarlo en un casino”.

En cualquier caso, eso es lo que ocurre con la Educación Empresarial; que estrecha la mente; mientras que el objeto de la educación es ampliarla y, especialmente, hacerlo de modo que le permita a ésta criticar y condenar tal estrechez. Todos tenemos que aprender primero una visión general de la historia del hombre, de la naturaleza del hombre y (como debo agregar) de la naturaleza de Dios. Esto le permitiría considerar lo correcto y lo incorrecto en una comunidad de esclavos, del canibalismo en una comunidad caníbal o del comercio en una comunidad comercial. En cambio, si es inmediatamente iniciado en los misterios de estas instituciones en sí mismas, si es adoctrinado en la infancia para tomarlas tan seriamente como ellas se toman a sí mismas, si se convierte en un comerciante no sólo antes de convertirse en un viajero, sino incluso antes de convertirse en un ciudadano pleno en su comunidad, no será capaz de denunciar aquellas instituciones, ni siquiera mejorarlas. Tal estado jamás tendrá las ideas o la imaginación para reformarse, y el ajetreo y el corsé y la actividad económica habrán resultado en la rigidez mortal de un fósil.

G.K. Chesterton, “On Business Education“, All is Grist: A book of essays (1931), cap. IV.


lunes, 6 de marzo de 2017

La mirada de un ovejero inglés a la Norteamérica rural




James Rebanks*
Páginas de Opinión, The New York Times, 1º de marzo de 2017.

Matterdale (Inglaterra) – Soy un pequeño granjero tradicional en el norte de Inglaterra. Crío ovejas en una región montañosa, en las colinas Fells del Distrito de los Lagos. Es un sistema agropecuario que data de al menos 4500 años. Una supervivencia subrayable. Mi majada pace en una montaña junto a otras diez majadas, mediante un antiguo sistema comunal de pastos que de alguna manera ha sobrevivido los últimos dos siglos de cambios. Wordsworth lo llamó la “república perfecta de pastores”.

No es el agronegocio moderno y eficiente. Mi granja lucha por hacer el suficiente dinero para mi familia pueda vivir de ello, incluso con 900 ovejas. El precio de mis corderos está gobernado por la oferta de corderos importados desde la otra punta del mundo. Por lo que tengo un pie en algo antiguo y otro en la economía global del siglo XXI.

Menos de 3% de la gente en las economías industriales modernas son granjeros. Pero alrededor del mundo, no estoy solo: las Naciones Unidas estiman que hay más de dos mil millones de granjeros, la mayoría de ellos pequeños productores; esto es aproximadamente una de cada tres personas en el planeta.

La falta de rentabilidad de mi granja tal vez no debería preocupar a nadie más. Soy adulto y he elegido este tipo de vida. Lo elijo porque todos mis antepasados lo hicieron y porque lo amo, aunque a los demás les pueda parecer condenado.

La granja es donde yo vivo y no existe de hecho ninguna otra forma de operar mi tierra, razón por la cual no ha cambiado mucho en el último milenio o quizá más. En verdad, podría aceptar los cambios alrededor filosóficamente, incluyendo la desaparición de granjas como la mía, si los resultados fuesen un mundo y una sociedad mejores. Pero el mundo que veo evolucionar frente a mis ojos no es mejor, es peor. Mucho peor.

En la semana anterior a que en los Estados Unidos fuese electo Donald J. Trump a la presidencia, viajé por Kentucky, a través de interminables millas de granjas y pueblos pequeños. Fue mi primera visita a los Estados Unidos, para presentar mi libro. Me chocaron las señales de decadencia que vi de la Norteamérica rural.

Vi desordenadas casas de madera pudriéndose junto al camino y cercas blancas arrancadas por los vientos. Pasé por comercios clausurados en los centros de los pequeños pueblos, graneros derribados y granjas abandonadas. Las carteleras de las iglesias estaban llenas de ofrecimientos de ayuda para drogadictos y alcohólicos. Y sí, frecuentemente pasaba junto a automóviles con calcomanías de Trump en sus paragolpes y casas con banderas de apoyo a Trump en sus jardines.

La angustia económica y el apoyo a Trump no están desconectados, por supuesto. Áreas significativas de la Norteamérica rural están quebradas, en estado económico terminal, a medida que la producción de alimentos se traslada a algún otro lugar donde supuestamente se hace de manera más eficiente. En muchas áreas, nada reemplazó a las viejas industrias. Éste es un ciclo de degeneración que pone a millones de personas del lado equivocado de la historia económica.

Los economistas dicen que cuando el mundo cambia la gente se adaptará, se mudará y cambiará para encajar en este mundo nuevo. Pero por supuesto, los seres humanos reales con frecuencia no hacen eso. Se aferran a los lugares que aman y su identidad permanece atada a las cosas viejas e ineficientes que solían hacer, como ser obreros metalúrgicos o granjeros. A menudo, sus experiencias no son transferibles de ninguna forma y no tienen ningún interés en las nuevas oportunidades. Entonces esta gente queda atrás.

Me pregunto a mí mismo qué haría si no produjese ovejas o si no pudiese seguir criando ovejas. No tengo idea.

Tal vez no debería meterme en cómo los norteamericanos conducen sus negocios y lo que piensan sobre la economía. Sin duda debería volver a mi casa en las montañas aquí en Cumbria y cerrar la boca. Pero durante mi vida entera, mi propio país ha aceptado sin chistar el modelo norteamericano agropecuario y de comercialización de alimentos, mayormente pensando que era el camino del progreso y del curso natural del desarrollo económico. Como resultado, el futuro norteamericano es, por defecto, el nuestro.

Es un futuro en el cual la producción agropecuaria y de comida ha cambiado y está cambiando radicalmente—según creo, para peor. Por lo tanto veo el futuro con una mirada escéptica. Todos nos hemos convertido en tan consumidores de baratijas que damos por sentado los bajos precios de la comida y, de alguna manera, no podemos ver la conexión entre estos precios de baratija que pagamos con la incapacidad de nuestros hijos para conseguir un trabajo con sentido a un salario decente.

Nuestra demanda de comida barata está matando el “sueño americano” de millones de personas. Entre sus efectos colaterales, está creando terribles problemas de salud como la obesidad y las infecciones resistentes a los antibióticos, y está destruyendo los hábitats de los cuales depende la vida salvaje. También concentra vastas riquezas y poder en cada vez menos manos.

Tras mi viaje a la Norteamérica rural, regresé a mis ovejas y a mi vida extrañamente arcaica. Estoy rodeado de belleza, de una comunidad y de una manera vieja de hacer las cosas que ha funcionado bastante bien durante muchísimo tiempo. He regresado a casa convencido de que es tiempo de pensar con cuidado, tanto dentro como fuera de los EE.UU., acerca de la comida y la producción agropecuaria, y sobre qué clase de sistema deseamos.

El futuro que nos han vendido no funciona. Aplicar los principios de la fábrica al mundo natural no funciona. Una granja es más que una empresa. La comida es más que un commodity. La tierra es más que un recurso mineral.

A pesar del creciente tamaño del problema, ningún político importante durante décadas se ha ocupado con seriedad del problema rural o de la alimentación. Con la campaña presidencial terminada y con una presidente en la Casa Blanca a quien los kentuckianos rurales ayudaron a elegir, el nuevo establishment político debería comenzar a pensar en esto cuidadosamente.

De repente, la Norteamérica rural importa. Importa para todo el mundo.

Edificio abandonado en Owsley County, Kentucky. [Mario Tama/Getty Images]


*James Rebanks es el autor del libro de memorias “The Shepherd’s Life: Modern Dispatches From an Ancient Landscape”.
[https://www.nytimes.com/2017/03/01/opinion/an-english-sheep-farmers-view-of-rural-america.html?_r=0]
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