Foto: Ditchling en la década de 1920
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martes, 10 de abril de 2012

La Liga Distributista

(Según la definición de G.K.’s Weekly.)

LA LIGA ofrece la única alternativa práctica frente a dos males: el Capitalismo y el Socialismo. Se opone igualmente a ambos; los dos llevan a la concentración de la propiedad y el poder en pocas manos para la esclavización de la mayoría.

LA LIGA sostiene:

La Libertad del Individuo y de la Familia contra la interferencia de las burocracias, los monopolios o el Estado.

Que la Libertad personal será restaurada principalmente mediante una mejor Distribución de la Propiedad (esto es, la posesión de las tierras, las viviendas, los talleres, los jardines, los medios de producción, etc.).

Que una mejor Distribución de la Propiedad se logrará protegiendo y facilitando la posesión de emprendimientos individuales en la tierra, los comercios y las fábricas.

Por eso LA LIGA lucha por:

Los pequeños Comercios y Comerciantes contra las cadenas y los monopolios.

El Artesanado individual y la Cooperación de emprendimientos industriales. (Cada trabajador debería poseer una participación en los Activos y en el Control de la empresa en la que trabaja.)

El Minifundista y el Granjero libre contra los monopolistas de los latifundios inadecuadamente explotados.

Y el Máximo de iniciativas, en vez del mínimo actual, por parte del Ciudadano.



Hilaire Belloc en una reunión pública de la Distributist League

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Historias de ligas y asociaciones

Incluso desde antes de existir formalmente el Distributismo, los distributistas se asociaron alrededor de sus publicaciones periódicas sucesivas (Eye-Witness, New Witness, G.K.'s Weekly, Weekly Review, The Reporter, The Defendant y The Distributist) para intercambiar ideas, realizar actividades en conjunto, peticionar ante las autoridades y difundir su credo económico, social y político. A continuación compartimos las interesantes entradas incluidas en la monumental obra de Peter Barberis, John McHugh y Mike Tyldesley, Encyclopedia of British and Irish Political Organizations: Parties, groups and movements of the 20th century (London: Pinter, 2000). Los tres son profesores de la Manchester Metropolitan University. Barberis, profesor de Ciencia Política, es autor de The Elite of the Elite: Permanent Secretaries in the British Civil Service, Government, Industry and Political Economy. McHugh es profesor de Ciencia Social y coautor de John Maclean 1879-1923. Tyldesley, también profesor de Ciencia Social, es coautor de No heavenly delusion? A comparative study of three communal movements y numerosas obras colectivas.

National League for Clean Government (Liga Nacional por un Gobierno Limpio, 1913-23): Antes de la Primera Guerra Mundial, la NLCG dirigió una campaña radical contra el gobierno liberal, en medio de acusaciones de una “conspiración” judía. Estaba asociada al periódico patriótico New Witness (originalmente, The Eye-Witness), editado por Hilaire Belloc y Cecil Chesterton. Sus principales actividades consistieron en reuniones y campañas de oposición a determinados candidatos liberales en las elecciones. Luego de la guerra se transformó en la New Witness League, pero se extinguió cuando el periódico dejó de publicarse.
The Distributist League (Liga Distributista, 1926-1940): El nombre completo de esta organización era League for the Preservation of Liberty by the Restoration of Property (Liga para la Preservación de la Libertad para la Restauración de la Propiedad), pero era mejor conocida como Liga Distributista. Estuvo identificada con la sociedad intelectual de Hilaire Belloc y G. K. Chesterton, dos talentos literarios de las primeras décadas del siglo XX. Belloc fue también parlamentario liberal por el distrito de Salford South entre 1906-10. Los fines de la Liga eran dobles: la preservación de la propiedad de modo que la libertad de los individuos y de las familias se mantenga frente a los sistemas opresivos, y una mejor distribución del capital mediante la propiedad individual de los medios e instrumentos de producción como única forma de preservar la propiedad privada. El segundo de estos fines requería la destrucción de la plutocracia y el capitalismo. Sin embargo, los distributistas no estaban en contra de una economía competitiva de mercado; sino que se oponían a la deformación de un sistema bien balanceado de propiedad privada (incluyendo la economía de mercado) por fuerzas que podían llevar a este sistema a recaer en el capitalismo. Por eso, la intervención del Estado tenía el papel de prevenir esta recaída. De este modo, apoyaban al pequeño zapatero frente a los cadenas de comercios. Sostenían el artesanado y la cooperación en la empresa industrial (donde todos los trabajadores tuvieran una cuota parte de los activos y el control del negocio en el que trabajan); y apoyaban a los minifundistas y granjeros propietarios contra los monopolistas de las grandes e inadecuadas explotaciones latifundistas. Dentro de este amplio marco, existían diferencias de opinión. Una minoría de sus miembros, como A. J. Penty, tenían reservas respecto al uso de maquinaria industrial, aunque el Distributismo no era simplemente la fórmula “tres acres y una vaca”, especialmente no lo era para Chesterton. Sin embargo, había una preocupación general sobre los malos efectos de la vida urbana, subrayando la importancia de la pequeña propiedad campesina. Por eso, el “Esquema de Birmingham” (1928) pretendía relocalizar a los trabajadores en el campo como granjeros, para resolver los problemas del desempleo y la importación de comida. Una campesina autosuficiente podría comercializar el excedente de su propia producción.
La Liga tenía una relación cercana y, por momentos, casi inseparable con el G. K.’s Weekly, el periódico de Chesterton que comenzó a circular en marzo de 1925. A sólo tres años de su fundación al año siguiente, la Liga contaba con ramas en toda Gran Bretaña y, más tarde, en Australia, Canadá y Sudáfrica. Hasta 1929, la Liga Distributista tendió a apoyar al laborismo y los sindicatos —tal vez porque su vocero parlamentario más conocido era el laborista Sir Henry Slesser, quien se bajó del Parlamento en 1929—. Pero en los ’30, la Liga comenzó a inclinarse hacia los puntos de vista monárquico y antiparlamentario de Belloc.
La posición de la Liga en asuntos internacionales estuvo moderada hasta cierto punto por Chesterton hasta su muerte en junio de 1936. Chesterton había adoptado una posición ambigua frente al facismo italiano, aunque siempre se había opuesto vigorosamente al nazismo alemán. Tras su muerte, la Liga siguió opuesta a los nazis, pero se hizo cada vez más favorable al facismo. Experimentó dificultades importantes con motivo de la invasión italiana de Abisina en 1935, aunque con el estallido de la Guerra Civil española (julio de 1936) tales ambigüedades desaparecieron y la Liga (a través del G. K.’s Weekly) dio su apoyo a Franco, abogando por políticas autoritarias para Gran Bretaña. Luego del fallecimiento de Chesterton, Belloc se convirtió en presidente de la Liga, con T. S. Eliot, Eric Gill y Ada Chesterton, viuda del hermano de G. K., Cecil, como vicepresidentes. En noviembre de 1937, y con el apoyo de la Weekly Review (la G. K.’s Weekly renombrada, ahora editada por Belloc), algunos activistas de la Rama de Birmingham conformaron un partido político distributista que, a fines de ese año, reclamaba mil miembros y cuatro ramas. Nada parece haber salido de esta aventura. Viendo a la Unión Soviética como el principal enemigo internacional, la Liga apoyó la declaración de guerra británica en 1939 y se desbandaron unos pocos meses después. La sobrevivió The Weekly Review y, en 1947, se formó una Asociación Distributista.
The Distributis Association (Asociación Distributista, 1947-52): Se fundó en el “Cheshire Cheese”, un pub de Londres. Parece haber sido un reagrupamiento de distributistas que habían sido activos en la vieja Distributist League. Su programa de siete puntos incluía la provisión de seguros con ayuda estatal, lo que causó una inmediata controversia en las páginas del Weekly Review. Para mayo de 1947 existían 14 asociaciones locales, de las cuales 5 estaban en Lancashire —éstas conformaron un Lancashire Area Committee—. La actividad distributista en forma independiente respecto a la Asociación continuó en la forma de una revista, The Distributist, que se publicó entre enero de 1953 y otoño de 1958 (conocida como The Defendant entre 1953 y 1956). Posteriormente, los asuntos distributistas siguieron siendo tratados por el G. K. Chesterton Study Centre, luego transferido al Westminster College de Oxford*.

* En 1998, debido a problemas financieros, el Centro se mudó del Westminster College al Plater College de Oxford. En 2002, tras la venta de T&T Clark a Continuum, el Centro quedó casi sin medios. En el verano de ese año, el G. K. Chesterton Institute, fundado por el Padre Boyd, que rentaba unas oficinas en la ciudad de Oxford, salió a salvar al Centro ofreciéndole un lugar. En 2003 el Instituto se fusionó con el Centre for Faith & Culture de Oxford y el Centro se convirtió en la Chesterton Library. Actualmente todos ellos funcionan como The Chesterton Institute for Faith & Culture, con sede principal en Oxford y que edita dos revistas “The Chesterton Review” y “Second Spring”, organiza conferencias y dicta cursos en conjunto con la Seton Hall University de Nueva Jersey (Estados Unidos). Cf. Strattford Caldecott, “Chesterton Alive Today: Reviving the Moral and Social Imagination: Notes for a Re-Evangelisation of Culture”, Second Spring, n/d.


Top Meadow House
La residencia de los Chesterton en Beaconsfield, redacción de la G.K.'s Weekly y cuartel general informal de la Liga Distributista.
Ilustración de la casa como se veía en los últimos años de vida de Gilbert Chesterton y su mujer; puesto que durante mucho tiempo la casa se limitó a dos habitaciones.
[Fuente: Chesterton.org]

viernes, 29 de octubre de 2010

Distributismo (ii)

[Escrito original de Karl Jahn. Traducción, títulos y notas de la Liga Distributista.]

La Liga Distributista

En 1925, Chestertón fundó un periódico llamado G. K.’s Weekly; del cual se extrajeron algunos escritos que luego fueron publicados como El marco de la cordura. El Distributismo se convirtió en una fuerza organizada cuando la Liga Distributista quedó fundada el 17 de septiembre de 1926. El Distributismo nunca obtuvo un seguimiento masivo. Sus adherentes eran intelectuales menores influenciados igualmente por el socialismo y el catolicismo: hombres como A. R. Orage, editor del New Age, un fabiano convertido al Distributismo tras pasar por el socialismo corporativista; A. J. Penty, un arquitecto influenciado por William Morris y John Ruskin, que había abandonado la Sociedad Fabiana por su materialismo, y abogaba por La restauración del sistema de guildas (1906); Maurice Reckitt, un anglo-católico y socialista cristiano; W. R. Titterton, a quien Chesterton personalmente convirtió del socialismo al catolicismo, y quien abogaba por la deportación de judíos, escoceses, galeses e irlandeses de Inglaterra; Eric Gill, que también se convirtió del socialismo al catolicismo, y que partió a vivir en forma autosuficiente en un terreno, sin el beneficio de máquina alguna; el Padre Vincent McNabb, un sacerdote dominico que alentaba la destrucción de toda maquinaria y el retorno de toda la población al campo; y Sir Henry Slesser, un político laborista y también otro fabiano convertido al catolicismo. [1] Tanto G. K. Chesterton como Belloc, como ya se notó, habían sido originalmente liberales, pero G. K. y su hermano Cecil eran anglo-católicos y brevemente estuvieron involucrados en el movimiento socialista cristiano. Cecil se había unido a la Sociedad Fabiana, y luego se convirtió al catolicismo romano en 1913; Gilbert esquivó el fabianismo y, finalmente, se convirtió a la Iglesia de Roma en 1922.

Chesterton era el presidente de la Liga, pero Titterton hacía casi todo el trabajo organizacional. La Rama Central de la Liga se reunía en el “Devereux”, un pub cerca de Fleet Street [2]; organizaba las actividades principales de la Liga —conferencias y debates públicos— y fue casi idéntica al comité editorial del G. K.’s Weekly. Rápidamente se establecieron en todas las Islas Británicas y más allá, incluso tan lejos como Australia, capítulos subsidiarios, que eran esencialmente círculos de lectura y discusión. La Liga alcanzó su apogeo en 1928, llegando a contar con más de dos mil miembros.

Una ocasión en que los distributistas se metieron en la arena política fue cuando protestaron por la concesión de un monopolio a la Compañía General de Ómnibus de Londres, sacrificando a los muchos ómnibus de pequeña propiedad privada. Más de un millón de personas firmaron una petición contra ello, pero el monopolio quedó finalmente establecido en 1933. Los distributistas condicionalmente apoyaron al Partido Laborista, donde participaba Sir Henry Slesser, y esperaban vencer con la idea gremial a los sindicalistas; G. K.’s Weekly apoyó resueltamente la huelga general de 1926. Sin embargo, los sindicatos se mostraron más dispuestos a la burocratización y a la dependencia estatal que al sistema de guildas, por lo que la Liga se volvió contra ellos en 1930. Frustrados por todos los canales ordinarios, los distributistas se volcaron a ideas vagas de revolución social, monarquía popular o, incluso, dictadura, y de representación política sobre lineamientos corporativistas. La Liga se desbandó, y el Weekly dejó de publicarse, tras el fallecimiento de Chesterton en 1936.

Belloc mantuvo siempre cierta distancia del G. K.’s Weekly y de la Liga, porque era pesimista respecto a todas las posibilidades, pero siguió elaborando el programa y la interpretación de la historia sobre líneas distributistas en obras como La restauración de la propiedad y La crisis de la civilización. Se retiró tras sufrir un ataque en 1942, y murió en 1953.


Viñeta del 10º Aniversario de G. K.'s Weekly



[1] El autor sintetiza un poco y exagera bastante en estas caracterizaciones, aparentemente con el fin de resaltar lo variopinto del grupo nuclear de la Liga Distributista.

[2] Fleet Street es la calle de Londres donde se encontraban las oficinas de la mayoría de los diarios y periódicos.


jueves, 28 de octubre de 2010

Distributismo (i)

[Escrito original de Karl Jahn. Traducción, títulos y notas de la Liga Distributista.]

Los inicios

Una noche, a comienzos del verano del año 1900 (la fecha precisa se desconoce), en un restaurant llamado “Mont Blanc”, Hilaire Belloc y Gilbert Keith Chesterton, dos jóvenes que recién iniciaban su carrera de periodistas en Londres, fueron presentados por amigos en común. De esa reunión emergió un “monstruo biforme” que George Bernard Shaw apodó el “Chesterbelloc”.

Belloc había nacido el 27 de julio de 1870, en Francia, de padre francés y madre inglesa. El padre, Louis Belloc, provenía de una familia pudiente [1] y había estudiado Derecho, pero no ejerció la abogacía debido a una enfermedad crónica. Murió cuando su hijo tenía tan sólo dos años de edad. Poco después de eso, Elizabeth Belloc, la madre, regresó a Inglaterra con el niño y su hermana [2]. Entre 1880 y 1887, el niño fue enviado a la Escuela del Oratorio del Cardenal Newman, donde recibió una educación clásica rigurosa en un entorno católico riguroso. En 1893, Belloc ingresó al Balliol College de Oxford, donde ganó una beca en Historia y se hizo miembro activo de la Oxford Union, una sociedad de debates, de la que fue electo presidente. Para este tiempo, ya se había enfrascado en el activismo político republicano radical (para la época), así como se había convertido en un católico devoto. Belloc obtuvó honores de primera clase en Historia en 1895, pero falló en la competencia por la membresía en All Souls. Se quedó en Oxford durante un tiempo, a través de varios cambios y expedientes (como profesor adjunto, tutor y escritor), se casó e intentó algunas veces más obtener una posición académica firme. En el invierno de 1899 a 1900, abandonó esta búsqueda, se mudó a Londres y se convirtió en periodista.

Por su parte, Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874, y fue bautizado de acuerdo con los ritos de la Iglesia de Inglaterra. Su padre Edward [3] era un hombre respetable, de clase media (era propietario de una inmobiliaria tradicional [4]) y liberal. En 1887, Chesterton comenzó a asistir la Escuela de San Pablo, aunque seguía viviendo en su casa. En 1892 ingresó a la Escuela de Arte Slade y simultáneamente asistía a clases de Inglés en el University College. Abandonó dicha universidad sin graduarse en 1895, trabajó en dos editoriales e ingresó en el periodismo haciendo crítica de arte y publicando poesía. En 1896 conoció a una mujer con el extraño nombre de Frances Blogg, quien se convirtió en su esposa en 1901. Chesterton se hizo periodista a tiempo completo en 1899, cuando fue empleado por el Speaker, un semanario liberal y anti-imperialista.

Las similitudes entre los dos hombres ya eran asombrosas e irían creciendo a partir de la mutua influencia; sus diferencias eran más de las que complementan y no tanto de las que producen rechazo. Ambos eran devotos cristianos y demócratas. Ambos se oponían a la guerra de Sudáfrica, pero ninguno se oponía a la guerra por principio, lo que les ganó la enemistad tanto de los imperialistas como de los pacifistas. Ambos eran poetas, ensayistas, novelistas, críticos sociales y apologistas religiosos. Por una coincidencia curiosa, ambos escribieron aproximadamente cien libros.

La diferencia principal entre sus carreras literarias era que Belloc era más un historiador, mientras que Chesterton era más un crítico. La historia es por su naturaleza más política que la crítica, y la ideas históricas y políticas de Belloc influenciaron significativamente a Chesterton (sólo porque, sin embargo, Chesterton mismo ya estaba tendiendo en esa misma dirección), mientras que Belloc se caracterizaba a sí mismo como un ignorante en literatura inglesa y decía que había aprendido de Chesterton todo lo que sabía sobre ello. Del mismo modo, la ficción de Chesterton es mejor y más conocida que la de Belloc. Ambos eran tan elocuentes oradores como escritores, y excelentes debatiendo; pero Belloc era más mordaz y serio, mientras que Chesterton era siempre jovial. El pensamiento de Belloc era claro, lógico y sistemático; el pensamiento de Chesterton era romántico y paradójico.

Belloc y Chesterton eran ambos liberales, por simpatía, afiliación política y activismo. Belloc (que se hizo súbdito británico en 1902) se presentó con éxito para el Parlamento como candidato liberal en las elecciones generales de 1906, en campaña contra el proteccionismo, el imperialismo, la oligarquía, el gran gobierno y la regulación de los pubs. Se convirtió en un parlamentario sin cartera y hostil: que se quejaba del secretismo acerca de los fondos de los partidos, por ejemplo, quedando cada vez más convencido de que los ricos controlaban ambos partidos por medio de sus dádivas. En las elecciones generales de 1910, rompió con el Partido Liberal y obtuvo su reelección como candidato independiente. Apoyó el movimiento para reducir el poder de la Cámara de los Lores, pero cuando el asunto provocó nuevas elecciones ese mismo año, se negó a volver a candidatearse. Estaba ya convencido de que el poder de los políticos y la disciplina de los partidos no dejaba la independencia necesaria para una verdadera representatividad popular. La política electoral era una fachada; todo se decidía tras bambalinas, por y a través de la plutocracia.

En 1910, el libro de Chesterton que llevó el título Lo que está mal en el mundo señalaba la congruencia entre los intereses oligárquicos y el reformismo social paternalista, e incluso mencionó el tema de restaurar la propiedad campesina. Esto fue continuado por Belloc en su libro de 1912, El Estado servil. Su tesis era esencialmente aquella que había expuesto Sismondi y que fuese adaptada por Marx, de que el capitalismo, definido como la propiedad de los medios de producción por unos pocos, es injusto e inestable. Belloc argumentaba, contra el marxismo, que el socialismo (esto es, la propiedad de los medios de producción por el Estado) no es una alternativa factible al capitalismo, porque los capitalistas, habiendo reducido las clases trabajadoras a la servidumbre económica, usarán la reforma social para reducirlas a la servidumbre legal, haciéndolas dependientes de un Estado de bienestar controlado por los capitalistas. Por lo tanto, la única alternativa es redistribuir los medios de producción, muy divididos entre la mayoría, siguiendo el ejemplo del campesinado medieval y las guildas [5]. Para este sistema, acuñó el término “Estado distributivo”, del que se deriva el término “Distributismo”.




Ejemplar del periódico "G. K.'s Weekly", que se editó entre 1925 y 1936.



[1] Por lo que sabemos, los Belloc eran de origen bretón y se habían asentado en Nantes, donde se dedicaron al comercio. Poseedores de plantaciones de caña de azúcar en Santo Domingo, habían hecho una importante fortuna. Pero el bloque británico de Europa, durante las guerras con Napoleón, les trajo la ruina. El abuelo de Hilaire, Jean-Hilaire Belloc (1786-1866), tenía una mala condición física y no pudo dedicarse a la carrera de las armas como mandaba su padre; por lo que se dedicó a cultivar la pintura. Aunque se vio afectado por los sobresaltos políticos de su patria, viéndose forzado en varias oportunidades a suspender su vocación para ganarse el sustento. Recién en la década de 1830, comenzó a recibir reconocimientos, como la Legión de Honor. Sin embargo, la invalidez que le aquejó hacia el final de su vida, volvió a hundir a su familia en problemas económicos. Jean-Hilaire estaba casado con Anne-Louise Swanton, hija de un oficial irlandés al servicio del Rey de Francia, que había alcanzado cierta notoriedad como traductora y escritora de libros para niños. Tuvieron tres niñas y un varón, el menor, Louis (1830-72). Éste fue un joven abogado muy prometedor que, tras habérsele dictaminado la invalidez, fue a vivir con su madre a La Celle-Saint-Cloud, pueblo rural a cierta distancia de París. Allí conoció a quien sería su esposa y madre de Hilaire, Elizabeth R. Parkes, quien se encontraba de vacaciones con una amiga. Bessie Parkes, hija de un conocido reformista parlamentario inglés y de una nieta norteamericana de Joseph Priestley —el conocido físico y fundador del unitarismo—, había sido de joven una furiosa militante sufragista y, recientemente, se había convertido al catolicismo. La Guerra Franco-Prusiana destruyó la casa familiar y la muerte de Louis forzó a su viuda Bessie a regresar a Inglaterra con sus pequeños hijos.

[2] Marie-Adelaïde (1868-1947), posteriormente esposa de Frederic Lowndes, fue una exitosa y pródiga novelista. La más conocida de sus novelas es El Inquilino, que fue llevada al cine numerosas veces.

[3] El origen de la familia Chesterton parece estar en un pueblo del mismo nombre en las afueras de Cambridge, hoy barrio de esa ciudad. En cualquier caso, sabemos que un tal Charles Chesterton, dueño de una pollería en la Kensington High Street, comenzó a trabajar como agente de tierras de la propiedad Phillimore y corredor de seguros. De sus tres profesiones, parece que la inmobiliaria —en plena era de migraciones desde el interior inglés hacia Londres— fue la actividad más rentable. Su hijo Arthur intentó ser marino mercante, pero en la década de 1830 se unió finalmente al negocio familiar, alcanzando cierta notoriedad. Muchos edificios en el barrio de Kensington, aún existentes, fueron construidos por Arthur Chesterton, y una calle de la zona lo testimonia. Dos de los hijos de Arthur, Edward y Sidney se unieron a la firma que, en 1876, cambió su nombre por el de Chesterton & Sons, y juntos la hicieron prosperar más aún, aprovechando el boom de la vivienda de fines del siglo XIX. Edward (1845-1922), quien, además de los negocios, tenía ciertas preocupaciones sociales y artísticas, fue el padre de Gilbert y de Cecil, ninguno de los cuales siguió el negocio familiar. En cambio, la rama de Sidney (1851-76) fue la que siguió a cargo de la inmobiliaria hasta hace muy poco.

[4] Chesterton Estate Agents, inmobiliaria fundada en Kensington a comienzos del siglo XIX por Charles Chesterton y que aún existe con el nombre de Chesterton Humberts.

[5] La palabra “guilda” aparece varias veces mencionada en la literatura distributista. Si bien en castellano no es común su uso, la preferimos a “corporación” o “gremio” —más comunes— con el fin de evitar equívocos. El hecho es que, en la Edad Media, el fenómeno corporativo o gremial aparece descripto con gran variedad de términos: confratria, fraternitas, consortium, societas, conjuratio, amicitia, corporatio, collegia, artes, etc., cuya traducción literal sigue siendo equívoca.

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