Foto: Ditchling en la década de 1920
Mostrando las entradas con la etiqueta Hilary Pepler. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Hilary Pepler. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de enero de 2012

Constitución y las Reglas de la Guilda de San José y Santo Domingo

Entre 1919 y 1920, Eric Gill, Douglas Pepler y Desmond Chute fundaron la Guilda de San José y Santo Domingo,* una confraternidad religiosa de artesanos que se convirtió en el centro de una verdadera colonia de talleres artesanales y pequeñas granjas en los alrededores del pueblo de Ditchling, en Sussex. La Guilda tuvo momentos de mucho crecimiento, como a comienzos de los ’20, a mediados de los ‘30 y durante un breve período en la postguerra. Finalmente, ciertos cambios operados desde fines de los ‘50 y, principalmente, en los ‘70, comenzaron a desvirtuar sus fines y métodos, culminando en la liquidación de la misma en 1989. Sin embargo, aún hoy, Ditchling es un centro artístico y artesanal de primer orden en Inglaterra.

Para una historia más pormenorizada, remitimos a nuestro trabajo anterior aquí.

Como un documento, nos es grato dejar nuestra traducción a la Constitución y las Reglas de la Guilda de San José y Santo Domingo, cuyo texto original, en inglés, hemos tomado de aquí.



LA Constitución DE LA GUILDA

La Guilda es una sociedad de artesanos católicos que desean hacer de la Fe católica la regla no sólo de sus vidas sino de sus artesanías, y con ese fin vivir y trabajar asociados de modo que la ayuda mutua pueda fortalecer el esfuerzo individual.

Al sostenerse ellos mismos y sus familias con la práctica de un oficio, los miembros eligen a San José como su patrono. Además, habiendo encontrado en la Orden Dominicana a sus maestros más representativos, también ponen la Guilda bajo el patronazgo de Santo Domingo.

La Guilda sostiene:

Que todo trabajo está ordenado a Dios y debe adorar a Dios. Igual que la vida humana está ordenada a Dios, también lo debe estar el trabajo humano. No podemos servir a Dios y a Mamón, pero podemos amar a Dios y a nuestro vecino. El amor de Dios significa que el trabajo debe ser realizado de acuerdo con una norma absoluta de razonabilidad; el amor de nuestro vecino significa que el trabajo debe ser realizado de acuerdo con una norma absoluta de servicio. La buena calidad tiene, por lo tanto, dos caras, el trabajo debe ser bueno en sí mismo y bueno para su uso. Pues ‘actus sequitur esse’.

Que siendo el principio de la responsabilidad humana individual una doctrina católica fundamental y que este principio incluye el principio de propiedad, los artesanos deberán ser dueños de sus propias herramientas, de sus talleres y del producto de su trabajo.

Por lo tanto, la Guilda busca:

Hacer de la bondad de la obra a realizar la preocupación inmediata del trabajo.

Tomar a su cargo e imponerse sólo trabajo tal que sea acorde con la responsabilidad de la obra a realizar.

Hacer del bien del trabajo y de la libertad del trabajador la prueba de los métodos, las herramientas y las maquinarias de sus talleres.

LAS REGLAS

Los miembros deben ser

  • Católicos practicantes
  • Que ganan su sustento con el trabajo manual creativo
  • Propietarios de sus herramientas y de su trabajo.

La admisión a la Guilda será por el consentimiento unánime de sus miembros.

Los candidatos a miembros que cumplen todas las condiciones de admisión serán postulantes por al menos un año y serán conocidos como Postulantes Calificados.

Los candidatos, del mismo modo que los aprendices, podrán ser admitidos como miembros aunque no hayan cumplido aún con la tercera condición para su admisión, pero seguirán siendo postulantes hasta el momento en que puedan cumplir con ella y serán conocidos como Postulantes No Calificados.

La aprobación de la Guilda debe ser obtenida para la entrada de cualquier aprendiz o empleado al taller de cualquier miembro, y tales aprendices o empleados deben ser católicos.

Un miembro de la Guilda no puede compartir taller en forma de sociedad con alguien que no es miembro de la Guilda.

Los miembros elegirán anualmente un Prior que representará a la Guilda en todos sus asuntos y supervisará el trabajo de los otros funcionarios que sean designados. En general, deberá tener cuidad de que la Constitución sea cumplida.

Habrá reunión de miembros al menos una vez por mes para decidir lo que se requiera. Los postulantes asistirán a las reuniones de la Guilda pero sin voto.

Será deber de la Guilda alentar la comprensión y práctica de sus principios entre los miembros programando ocasiones para su discusión y exposición.

Los miembros de la Guilda se reunirán en la Capilla para la oración en común con la regularidad que sea acordada.

Habrá una suscripción común de la Guilda para el mantenimiento de la Capilla y otros gastos.

La Guilda es propietaria del terreno y de los edificios bajo el nombre de The Spoil Bank Association Limited. †

La propiedad tiene el fin de ser ocupada por los miembros de la Guilda y ser usada para los propósitos de la Guilda exclusivamente.

La Guilda administrará su propiedad por intermedio de sus funcionarios y sus reuniones, pero las cuentas de la propiedad serán llevadas únicamente en los libros contables de The Spoil Bank Association.

Ser miembro de la Guilda es ser también miembro de The Spoil Bank Association Limited.

La Constitución y las Reglas que hemos traducido fueron impresas por Pepler en 1922 en papel artesanal y colocadas en una carpeta que lucía la insignia de la Guilda, una mano abierta marcada con una cruz, diseño de Gill.



* Utilizamos el anglicismo “guilda” puesto que en castellano sus equivalentes “gremio” o “corporación” han variado su significado desde el primitivo medieval para convertirse actualmente en sinónimos de sindicato de trabajadores en el primer caso o de gran empresa comercial en el segundo.
† Spoil Bank era el nombre del terreno triangular delimitado por las calles Ditchling Common y Folders Lane, y las vías del ferrocarril, a corta distancia del terreno donde se encontraban los talleres de la Guilda, donde los miembros de la misma colocaron un enorme crucifijo ornamental diseñado por Eric Gill, en recuerdo de los caídos de la Primera Guerra Mundial. Originalmente, The Spoil Bank Association Limited había sido constituida para recaudar los fondos necesarios para la adquisición de los materiales que utilizó Gill y para la colocación del crucifijo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Guilda de San José y Santo Domingo

En 1907, Eric Gill, un escultor de 25 años, dejó el barrio de Hammersmith en el oeste de Londres y se mudó con su familia a Ditchling, una pequeña aldea rural de Sussex. Gill era un artista de fuertes convicciones y sus estudios teóricos lo habían convencido de que la vida rural era mejor a la de las grandes metrópolis, no sólo para desarrollar su arte, sino también para sus hijos.

Seis años después, Gill decidió ir un paso más allá y, abandonando la High Street de Ditchling, se mudó unos 3 km. al norte, a un terreno adquirido en Ditchling Common, en las afueras de Burgess Hill, donde quiso probar una vida de autosuficiencia. En los dos acres que poseían —poco menos de una hectárea—, los Gill fundaron una granja donde producían su propia leche, manteca, huevos y pan. También hacían su propia ropa y la de sus hijos.

Poco después, el calígrafo y letrerista Edward Johnston, nacido en 1872 y que había sido profesor y compañero de habitación de Gill en los tiempos en que éste era estudiante, se mudó también a Ditchling con su familia. Lo mismo hizo en 1913, el agente social devenido en imprentero artesanal H. D. C. Pepler.

En un principio los Pepler se mudaron a la casa de los Gill, llamada “Hopkins Crank”. Además de la casa habitación, tenían en el terreno un pequeño tambo, llamado “Little Crank”, y el taller de Eric en un antiguo estable conocido como “Crank Barn”. Gill, Pepler y Johnston tenían pensado fundar una comunidad artesanal como las que el Movimiento de Artes y Artesanías había fundado en otras zonas con relativo éxito.

El primer proyecto comunal fue el periódico The Game, cuyo primer número salió en octubre de 1916 y que se convertiría en la voz de ese mundo.

La comunidad adquirió un cariz totalmente revolucionario cuando, en 1917, recibieron la visita del dominico Vincent McNabb. La imagen de este “monje del siglo XIII en pleno siglo XX”, junto a su ardiente catolicismo y su vivo interés por lo social, encendieron la imaginación de Gill y Pepler. El proyecto, al que se había unido el joven Desmond Chute, veía la necesidad de unir mejor a los artesanos por medio de un voto religioso. Vale decir que Pepler, nacido y criado como cuáquero y, luego, socialista, no era católico, aunque tenía en mucha estima al padre McNabb. Poco después, será recibido en la Iglesia, junto a su familia, adoptando el nombre de Hilary. Por su parte, Johnston, aunque era un hombre profundamente religioso y colaboró como pocos con el proyecto, nunca se convirtió al catolicismo, en parte para no contradecir a su esposa, devota presbiteriana.

El 29 de julio de 1918, Hilary Pepler, Eric Gill y su esposa, el comandante Herbert Shove (veterano de la Primera Guerra Mundial y que recientemente se había mudado a Ditchling) y Chute ingresaron a la Tercera Orden de Santo Domingo. A continuación, los nuevos terciarios levantaron una pequeña capilla para la oración en común y se abocaron a la tarea de consolidar el proyecto comunitario.

Simultáneamente, habiendo culminado recién la Gran Guerra, comenzaron a juntar dinero para construir un crucifijo monumental, idea pergeñada por Gill, en conmemoración de los marinos y soldados católicos de Sussex fallecidos durante la guerra y en acción de gracias de los que volvieron al hogar. Ya con el dinero, ese mismo año, Gill talló en madera e inauguró el crucifijo proyectado. El crucifijo tenía 26 pies y, originalmente, fue instalado sobre un pedestal en el Spoil Bank, un terreno triangular en la esquina de Ditchling Common y Folders Lane, mirando las vías del ferrocarril, que fue adquirido con parte del dinero recolectado. El crucifijo, que en su patetismo reflejaba las propias experiencias de Gill en la guerra (había estado asignado a la Royal Air Force durante un breve período), se convirtió en símbolo de Ditchling y de la institución de la que hablamos. Lamentablemente, en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, el mismo fue retirado para evitar que sirviese como marca para los bombarderos que amenazaban Londres. El crucifijo quedó casi abandonado en uno de los talleres de la Guilda al final de Folders Lane durante el resto de la guerra. Al final de ella, se encontró que se habían dañado los brazos y el patíbulo de la cruz, por lo que fue vendido y hoy se encuentra colgando de una pared de la capilla y centro cultural de la Rensselaer Newman Foundation de Troy (Estado de Nueva York). Junto a las vías del tren se colgó una reproducción más pequeña que aún existe y el pedestal en el Spoil Bank aún puede verse.

Volviendo a 1920, en ese año Gill, Pepler y Chute fundan la Guilda de San José y Santo Domingo, que convirtieron en el centro que daba vida a la colonia de artesanos y agricultores de Ditchling. Aunque la Guilda nació el 18 de julio de ese año al aprobarse su constitución, su formalización tuvo lugar recién el 10 de octubre, luego de que el proyecto recibiera el visto bueno del Padre McNabb y se les uniera Joseph Cribb —aprendiz, terciario dominico y, luego, continuador de Gill—.

Al año siguiente, en septiembre de 1921, la Guilda publicó una solicitada en los diarios avisando de su existencia. “La Guilda de los SS. José y Domingo —decían— es una guilda de artesanos, pero no es principalmente una guilda de artesanos. Es antes que nada una fraternidad religiosa para quienes hacen cosas con sus manos. Como guilda, su objeto es la santificación de sus hermanos, y sostiene que el amor de Dios es la única fuente del bien.” En 1922, Pepler imprimió la Constitución y las Reglas de la misma en papel artesanal encuadernadas en unas tapas donde se veía la insignia de la Guilda —una mano abierta marcada con una cruz, diseñada por Gill—. Asimismo, la Guilda constituyó The Spoil Bank Association Ltd. como sociedad en cuya cabeza se pusieron las propiedades de la misma.

Los miembros de la Guilda debían ser todos ellos terciarios dominicos. En cuanto artesanos debían también ser propietarios de sus talleres y herramientas. Siendo que el trabajo es una forma de culto divino, debían observarse los mayores estándares de calidad. Como una forma de santa pobreza, el artesanado como principal medio de via era condición necesaria para pertenecer a la Guilda. Los miembros de ésta debían reunirse diariamente para las oraciones principales y estudiar la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII.

En 1921, Chute había abandonado la Guilda para ingresar en la Orden de Santo Domingo y, eventualmente, convertirse en sacerdote. A pesar de que este hecho fue muy lamentado por Gill, a comienzos de los ’20, Ditchling creció mucho. Alrededor de la Guilda, se conformó toda una comunidad rural, llena de talleres, con una biblioteca, una lavandería, una huerta, un banco independiente, un jardín, un vivero y una capilla católica.

Entre los primeros jóvenes que se acercaron a Ditchling para ver de qué se trataba, estuvo David Jones, brillante pintor que, eventualmente, será consumado poeta. Veterano de la Guerra Mundial y recién converso al catolicismo que había conocido por primera vez en las trincheras, quedó admirado del proyecto y la personalidad de Gill. Su mayor contribución a la Guilda fueron los murales con los que decoró la capilla comunitaria.

En 1922 se les unió Philip Hagreen, ebanista consagrado y fundador de la Society of Wood Engravers. También recibían periódicamente a personalidades católicas de ese tiempo. Entre las visitas más queridas y recordadas, estaban las de Hilaire Belloc y Gilbert K. Chesterton.

Todo parecía andar bien, hasta que, a fines de 1924, Eric Gill decide abandonar la Guilda. Esto sucedió poco después de que los Gill hubiesen visitado una guilda de artesanos católicos en Gales, en torno a la antigua abadía abandonada de Capel-y-ffin, e intentaran persuadir a ambos grupos de una fusión. Esto hubiese significado la mudanza de uno de las dos comunidades, lo cual requería esfuerzos imposibles. La Guilda de San José y Santo Domingo rechazó la propuesta de Gill y éste renunció, para mudarse muy poco después a las Montañas Negras de Gales. La partida de Gill tuvo un efecto terrible en algunos de los miembros fundadores de la Guilda. Algunos miembros y varios aspirantes siguieron a Gill a Capel (por ejemplo, David Jones y Philip Hagreen), aunque la mayoría permaneció en Ditchling. Sobreponiéndose, Joseph Cribb, que hasta el momento había sido aprendiz de Gill, tomó a su cargo el taller de su antiguo maestro.

Mucho se ha especulado sobre las razones de la partida de Gill. Los desórdenes en la contabilidad que llevaba Pepler y preocupaban a Eric, la “popularidad” de la Guilda que recibía constantemente personalidades venidas de Londres perturbando el trabajo y la vida de la misma, diferencias ideológicas entre Hilary Pepler y Eric Gill, y —de acuerdo con investigaciones publicadas recientemente— la imaginación erótica de Gill y posibles costumbres abusivas del mismo.

La Guilda perduró aún durante unos 70 años, ejerciendo una influencia dominante y positiva sobre el arte y artesanado católico de las Islas Británicas y el exterior. Sobre la base de principios religiosos firmes, la Guilda también fue importante desde un punto de vista teórico-político. Los trabajos de Pepler de esa época hablan de tiempos futuros en que “el trabajo sea nuevamente de la misma naturaleza que el sacramento, un voto del hombre y una ofrenda a Dios”. La Guilda invitaba, no sólo con su ejemplo, sino también con sus publicaciones, a que todos los trabajadores sean amos de su propia producción y no eslavos de las ganancias de otros hombres.

Originalmente, todos los miembros de la Guilda debían ser terciarios dominicos, aunque también hubo terciarios en Ditchling que no se unieron a la Guilda, e —incluso— artesanos no católicos que formaban parte de la comunidad de Ditchling (aunque no de la Guilda, cosa que estaba prohibida). En 1928 se relajaron las regulaciones estrictas de la Guilda y se admitieron miembros no terciarios. Para este tiempo, luego de la crisis generada por la salida de Gill, las cabezas más visibles de la Guilda eran, además de Pepler y Joseph Cribb, el carpintero y granjero George Maxwell, y los tejedores Valentine KilBride y Bernard Brocklehurst. En 1932 se les sumó el platero Dunstan Pruden.

En los ’30 se incorporaron numerosas novedades que no eran parte de las tareas de la Guilda según el esquema original. Se iniciaron sesiones grupales para discutir y regular las normas de trabajo. Fruto de estas reuniones fue la publicación del libro-catálogo Things for Devotional and Liturgical Use (Cosas para uso devocional y litúrgico), incluyendo fotografías, y que fue enviado a varios potenciales clientes.

El lema de la Guilda encapsulaba su filosofía: “Hombres ricos en virtud estudiando la belleza y viviendo en la paz de sus casas”. Fue gravada en una placa de piedra que, actualmente, se encuentra en el Cheltenham Museum.

El 4 de agosto, Día de Santo Domingo, era un día de fiesta para la Guilda, al que acudían numerosos vecinos de Ditchling y de los pueblos cercanos. Para los niños se organizaban eventos deportivos, mientras los adultos tomaban té en la huerta, y había teatro y mimos para todos. Al anochecer, se reunían todos en el pub local para comer.

Otro golpe para la Guilda ocurrió en 1933 cuando Pepler, desobedeciendo la Constitución y las Reglas, contrató a un empleado que no era católico. Esto motivó su expulsión en 1934 y un feo enfrentamiento judicial por la propiedad de la imprenta de la Guilda, que Pepler trasladó a la aldea de Ditchling en 1937.

En esta época llegó a la comunidad un joven escultor de mucho potencial, John Skelton, sobrino de Eric Gill, que se convirtió en aprendiz de Cribb.

En 1937, la comunidad se dividió respecto a la colocación de una cabina telefónica en su ámbito. Finalmente, debido a que la electricidad y las herramientas industriales estaban prohibidas hasta en los talleres, se decidió que el lugar ideal sería fuera de los terrenos comunitarios, en la calle cercana. La incorporación de “mejoras” tecnológicas fue de allí en más una constante fuente de discusiones.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto Maxwell como KilBride perdieron hijos. Y Joseph Cribb, talentoso escultor que había sido ayudante de Gill, sirvió para la British Home Guard como observador aéreo y perdió a uno de sus aprendices, Albert Leany. Por su lado, las restricciones en la comercialización de seda hicieron que Brocklehurst y los KilBride se alejaran de Ditchling.

Terminada la guerra, aunque parecía imposible reconstituir la Guilda, comenzaron a acercarse a ella algunos viejos miembros y otros nuevos. En 1946, los KilBride regresaron de Escocia, y el prestigioso ilustrador Edgar Holloway visitó la comuna. Philip Hagreen también regresó y, por su parte, Cribb tomó a un nuevo aprendiz, Kenneth Edgar. Finalmente, en 1949, Holloway y su esposa Daisy Monica Hawkins, antigua modelo de Eric Gill, se mudaron a Ditchling aceptando la invitación de Hagreen de incorporarlo a su taller.

Por algún momento, se pensó que una nueva generación estaba lista para continuar la tradición de la Guilda. Sin embargo, la Postguerra trajo también desinterés por la vida comunitaria y cierto cansancio: las reuniones dejaron de durar horas como antes y se rechazaban, casi sin consideración, muchas solicitudes de incorporación.

Como resultado de las reformas del Concilio Vaticano II, en 1970 se decidió incorporar a la primera mujer: Jenny, hija de Valentine KilBride. Cinco años después, en 1975, se le unió Winefride, viuda de Dunstan Pruden.

En 1972 tuvo lugar una notable modificación del estatuto de The Spoil Bank Association Limited. El original preveía que, en caso de disolverse la sociedad y la Guilda, los bienes o el producto de su venta, beneficiarían a la Orden Dominicana. Esto se cambió, convirtiendo en beneficiarios a los miembros de ella. De acuerdo con John Prince, sobrino de Maxwell y autor de una página de Internet, esta reforma tuvo el efecto de que los viejos miembros de la Guilda no quisieran incorporar nuevos postulantes y que los activos de la misma fuesen vistos como una especie de fondo de retiro.

En 1983, el calígrafo Ewan Clayton, nieto de Valentine KilBride, se convirtió en el último miembro en ser admitido en la Guilda.

La gran tormenta de 1987 dañó seriamente los edificios de la Guilda al final de Folders Lane, en el límite con Burgess Hill. Y al año siguiente, se recibió una tentadora oferta para la venta de los terrenos con el fin de convertirlos en un desarrollo inmobiliario. Ewan Clayton y Jenny KilBride ofrecieron adquirir su parte a los demás miembros para salvarla, pero el voto negativo de los otros —Kenneth Eager (continuador de Cribb), Edgar Holloway (presidente), Thomas KilBride y Winefride Pruden— decidió el fin de la Guilda de San José y Santo Domingo, que fue liquidada en 1989 en medio de la enemistad de los antiguos cofrades. Los edificios de los antiguos talleres fueron demolidos, pero el proyecto inmobiliario quedó trunco y las dos casas que hoy pueden verse son posteriores a la Guilda.

Winefride Pruden siguió viviendo hasta su muerte en la aldea de Ditchling. Holloway falleció en 2008. Jenny KilBride aún vive en Ditchling y presidió la Comisión de Curadores del Museo local. Ewan Clayton vive en la cercana Brighton, donde aún trabaja en un taller de letrería, publica ensayos (el último sobre el famoso Evangelio de Lindisfarne) y da clases en las universidades de Sunderland y Roehampton.

Dados sus orígenes católicos, la principal producción de la Guilda fue el equipamiento de iglesias. Los crucifijos, las imágenes, los reclinatorios, los altares, los devocionarios e himnarios, las vestimentas litúrgicas y la platería, producidas en Ditchling por la Guilda durante sus 70 años de vida pueden aún encontrarse en todas las iglesias locales y en numerosos templos del resto de las Islas Británicas.

Recientemente, siendo una verdadera paradoja, Christie’s subastó seis volúmenes de la revista The Game por £ 1.430 y los ejemplares sueltos de esta revista mensual suelen venderse en Internet en alrededor de £ 100. Así de apreciada por el público es hoy aquella revista que comenzó como una forma de volcar las ideas estéticas y socioeconómicas de Pepler, Gill, Chute y Johnston, en una de las imprentas artesanales de William Morris, producida con hermosas imágenes (xilografías, litografías e ilustraciones) y cuidada caligrafía, por parte de los miembros de la Guilda de San José y Santo Domingo y sus amigos y colaboradores de Ditchling.


La mano, principal herramienta del artesano, y la Cruz -
insignia de la Guilda de San José y Santo Domingo.

Pueden verse numerosas imágenes tomadas de Internet de la comunidad de Ditchling y la Guilda en este sitio.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Perspectivas Distributistas

Inauguramos aquí la sección Lecturas Recomendadas. En esta oportunidad, recomendamos la siguiente traducción que recoge The Distributist Review de la Introducción a la colección Distributist Perspectives de la editorial IHS Press de la que se han publicado hasta el momento dos volúmenes. En ella se recogen notas y artículos que han publicado autores más o menos conocidos desde el comienzo del Distributismo.

The Distributist Review La mayoría de los estudiosos modernos que tratan la historia y la filosofía del Movimiento Distributista son liberales, en el sentido en que el liberalismo fue frecuentemente condenado por la Iglesia y refutado por los teólogos.

viernes, 22 de octubre de 2010

Las aplicaciones inglesas de la Estética de Maritain: Eric Gill y David Jones (iii)

Aidan Nichols, O. P., Redeeming Beauty: Soundings in Sacral Aesthetics (Aldershot, Hampshire: Ashgate Publishing Ltd., 2007).

Modelo del artesano maritaniano: Eric Gill

Todo esto del mensaje de Maritain se puede aplicar pertinentemente a Eric Gill. Gill nació en 1882 en Brighton, hijo de un ministro de una pequeña comunidad no-conformista llamada “Connexion” de la Condesa de Huntingdon. Tras trabajar como aprendiz de arquitecto, su formación profesional derivó a la escultura en el Westminster Technical Institute y la caligrafía —bajo la supervisión del principal cultor inglés de este arte, Edward Johnston— en la Central School of Arts and Crafts. Inmediatamente encontró su verdadera vocación: como tipógrafo, tal vez el más grande de los tiempos modernos. Se casó, y se mudó desde el Londres urbano a una aldea de Sussex llamada Ditchling que creía mejor para hacer crecer a la familia. Su carrera como escultor, comenzada en 1909, reflejaría sus estudios caligráficos: visualizaba las figuras de perfil, no como volúmenes interrelacionados. Comenzó a ocuparse del arte del grabado que, junto con la acuarela, es históricamente la fuerza principal del arte inglés, con vínculos con la caligrafía y la escultura de la forma que Gill las concebía. En 1913 fue recibido en la Iglesia Católica, habiendo llegado a creer (en palabras de su amigo Donald Attwater) que ésta era “la Iglesia de la tradición cristiana más antigua —algo que enseña las necesarias verdades acerca de los primeros principios y el último fin del hombre—”. [1] En Ditchling comenzó su larga vinculación con la Orden de Predicadores, así como su aceptación de los principios de la filosofía y la teología de Santo Tomás de Aquino. Canalizó su entusiasmo por Tomás en dos áreas: la consideración, a la luz de la doctrina tomista del ars, de la cultura material de la civilización del siglo XX (fundamentalmente incompatible con el bien natural del hombre como lo creía Gill), y el tema relacionado del hombre en la sociedad —¿cómo llevar una vida íntegra, y por lo tanto, al menos potencialmente, santa, en la ciudad humana?—. Su mudanza desde Sussex hasta las montañas de Gales en Capel-y-ffin (dictada por el deseo de escapar de los curiosos, y también, como devela una reciente biografía, la creciente preocupación en Ditchling por su antinomianismo sexual [2]) y subsecuentemente el marco más lírico, a la vez que más accesible a Londres, en las colinas de Chiltern: estas mudanzas ocultan la homogeneidad esencial de su vida como artista, ensayista y conferencista sobre cuestiones sociales hasta su repentina muerte de cáncer de pulmón en 1940.

El anterior aprendizaje de Gill como artesano nos ofrece una pista importante acerca de la aplicación que pudo hacer de Art et Scolastique. El Movimiento inglés de Artes y Artesanías, con raíces en la obra de William Morris y, antes, en la de John Ruskin, fue un asunto inseparablemente estético y social. Gill había conocido al verdadero fundador de Ditchling, el trabajador social convertido en editor e imprentero Hilary Pepler, como vecino durante los comienzos de su vida de casado en Hammersmith: era emblemático que una imprenta manual de hierro usada en Ditchling había pertenecido a Morris en su famosa “Kelmscott Press” en el mismo distrito de Londres. Sin Morris ni Ruskin, el fenómeno Gill —y cómo Gill leyó y utilizó la estética de Maritain— sería difícil de entender.

Morris había aprendido leyendo The Stones of Venice de Ruskin —así como Past and Present de Thomas Carlyle, un estudio inmortal de una comunidad monástica—. En palabras de uno de los intérpretes de su pensamiento, Morris comprendió cómo:

La Edad Media había sido mucho más que caballería feudal y arte gótico: había sido un modo de vida coherente con una profunda comprensión de los deberes sociales y comunales, y su arte era la expresión de la vida libre y feliz de sus artesanos. [3]

Ruskin, el mentor de Morris, había atacado la división del trabajo manual e intelectual que promovía la sociedad a la que él se refirió como de:

Pensadores mórbidos y obreros miserables… Sería bueno [opinaba Ruskin] si todos nosotros fuésemos buenos artesanos de alguna clase y que el deshonor del trabajo manual fuese completamente erradicado.[4]

Desde la postura de Morris como artesano-diseñador, Ruskin había llegado a la percepción crucial de que, bajo las condiciones de la fábrica moderna, el trabajo no podía ser otra cosa que mecánico y descuidado. Como para Gill, sus escritos, sus discursos y todo su bien difundido estilo personal podrían considerarse como un comentario extenso de las palabras de Ruskin. [5]

En Gill, la tradición “gótica”, a la vez social y estética, originada en último término con A. W. Pugin a comienzos del renacimiento cultural católico victoriano, se vio enriquecida por otras contribuciones, como repatriadas, sobre su suelo nativo tomista. La clave de esta tradición era la inseparabilidad de la estética y la ética social. El arte medieval, como había afirmado Morris, debía su grandeza a su base social. En sus palabras:

Era común a todo el pueblo; era gratuita, progresiva, esperanzada, llena de sentimientos y humor humanos;… el producto del sentir corporativo y social, la obra no de un individuo sino de un genio colectivo; la expresión de un gran cuerpo de hombres concientes de su unión. [6]

La dificultad, sin embargo, para quienes buscaban revivir el estilo artístico medieval yacía en su aparente incompatibilidad con las técnicas contemporáneas de construcción y el ethos del trabajo moderno. Morris —cuyos talleres de hecho combinaban productos fabricados con máquinas de alta calidad y técnicas artesanales— perdió hacia el final de su vida la confianza por el renacer gótico aunque quedaron para el futuro las potentes ejemplos de sus diseños, marcados por la “integridad fundamental, el respeto por los materiales y la calidad de la labor humana”, cosas más influyentes que cualquier estilo. [7] Gill, en efecto, hará de Morris un proto-tomista, extrayendo de estos compromisos, con la ayuda de Maritain, la explicación tomista del hacer artístico y la prudencia social que creía implícitos allí. Cuando como católico converso deudor del Movimiento de Artes y Artesanías que buscó una forma de vida que casara el trabajo y la espiritualidad, era tal vez predecible que lo encontrase en la forma social que prefirió el movimiento: literalmente, una guilda o cooperativa de artistas y artesanos. [8] La doble lealtad de la “Guilda de los Santos José y Domingo” —hacia un renacimiento del trabajo y del obrar bueno, por un lado, y, por el otro, al apostolado contemplativo de predicar la verdad católica— se veía bien capturada por su nombre.

La doctrina de Gill fue expuesta tanto en numerosos ensayos, gradualmente recopilados en un libro, así como en su autobiografía y su correspondencia. Nunca (pensaba) hasta la era del capitalismo industrial se había considerado al deseo de riquezas francamente como el único motivo del trabajo. La “Era de la Máquina” había secularizado al hombre, aboliendo moral e intelectualmente el criterio cristiano de la santidad. Degradaba el placer y el recreo haciendo de ellos algo puramente auto-satisfactorio. Del mismo modo, degradaba el trabajo y la destreza plasmando al primero como algo despreciable y haciendo del segundo algo superfluo, y a través del pago del salario más bajo posible, impidiendo al obrero practicar la limosna. Quitaba la ternura y la humanidad de los objetos hechos y de los edificios que los cobijaban. Esto era inevitable bajo el capitalismo, dado que una sociedad anónima, cuyos inversores no tienen el menor interés en la calidad del trabajo realizado, naturalmente harán de la comerciabilidad la única prueba de la bondad de sus productos. [9] En términos aristotélicos, las prácticas de la Era de la Máquina nunca requieren de la virtud ni la engendran.

Gill describía a las máquinas industriales como patético-cómicas, incongruentes con su entorno humano. Una locomotora a vapor es una caricatura de un caballo de carga, y cuanto más rápido más, cuanto más gracioso se ve, “como una vieja bailarina de ballet representando un hada”. [10] (En realidad, Gill podía admirar la belleza de un motor de avión. Sus limitaciones podrían no haber sido tan severas respecto a la maquinaria de principios del siglo XX, cuando el toque caricaturesco del que se burlaba desapareció casi completamente del diseño industrial de entreguerras.) Citaba aprobándolo a T. S. Eliot:

La vida natural y la vida sobrenatural tienen una conformidad entre ellas que ninguna tiene con la vida mecánica. [11]

La consecuencia en el hogar —en la ropa, el mobiliario, el aspecto del pueblo— es la vulgaridad, al mismo tiempo que las guerras asesinas —peleadas en última instancia para controlar los mercados disponibles— son su fruto mortal en el extranjero. El producto de la Era de la Máquina sólo puede ser (dicho en términos sarcásticos) el Estado del Bienestar, donde en el mundo de las máquinas de trabajo y máquinas de pensamiento, los seres humanos son considerados una fatuidad. Para Gill, esto era un falso angelismo, o, peor, esteticismo, con lo que definía el culto del placer sensitivo.

Aquí no existe el deseo de un tiempo futuro cuando los hombres tengan mejor comida y mejor bebida, mejor y más linda ropa, ropas más apropiadas para adornar y proteger las partes más bellas del cuerpo humano, mejores casas y, sobre todo, mejores lugares para el culto de Dios y Su mejor contemplación; aquí, ¡ay!, no hay más que el deseo de liberarse de los dolores inflingidos por un capitalismo egoísta y, de otro modo, ninguna idea más noble o más humana que pasar un buen rato. [12]

El respeto de Gill por las herramientas y los materiales, y su deseo de que todo hombre tenga la oportunidad de trabajar de un modo que respete inteligentemente la tarea a mano, cuentan como sus contribuciones a la “estética social” más duraderas. La crisis de las bellas artes no podrá resolverse, consideraba, hasta que el arte común del trabajo diario vea restaurada su cordura. Como el sacerdote calígrafo estadounidense Edward Catich escribió tratando de capturar la idea raíz de Gill:

En nuestro tiempo, la mayoría de los artistas “cultos”, los escultores y los músicos han perdido su camino. Sentimentalmente, creen que el fin de sus obras es una especie de expresionismo revelador del alma en el que el énfasis está más en el cómo y en el quién, que en el bien de la obra a realizar —el qué y el por qué—. [13]

Necesitamos este marco para comprender la introducción que Gill escribió a la traducción inglesa del libro de Maritain, que no estaba en el original francés como uno esperaría. Recomendando Maritain al público inglés, escribe Gill:

Éste es uno de los peores síntomas de nuestra enfermedad: hemos hecho del Arte la provincia de unos pocos especialmente cultos y hemos hecho del obrero común el responsable sólo del actuar y para nada del hacer; pues de ningún artículo de fábrica puede decirse que tal o cual hombre lo hizo —lo máximo que puede decirse es que tal artículo es el resultado de una cantidad de hombres haciendo lo que se les dice—. [14]

El contraste del “actuar” y el “hacer” evidentemente retoma aquí el contraste de Maritain entre faire y agir. Y así, sigue Gill:

El artista se ha saturado con la noción de su propia superioridad intelectual, mientras que el obrero ha perdido su apetito por cualquier otra cosa que no sea lo que puede comprar en su tiempo libre. El Arte incluye toda obra y no debería existir la necesidad de hablar de ello. Pero aquel estado paradisíaco donde todas las cosas son hechas y ninguna de ellas es llamada “obra de arte” sólo es recuperable abandonando nuestro culto actual por las Riquezas y el Poder, y por la aceptación de la filosofía de la Pobreza, la Castidad y la Obediencia. [15]

Art et Scolastique en su versión inglesa es, declara Gill, una “medicina” para el pueblo inglés. Debe ser poderoso si quiere hacer algo para curar la enfermedad de que sufre, cuyas causas son: primero, el Renacimiento, que derrotó la “Humildad”; y segundo, la Reforma Protestante, cuyo resultado fue el “triunfo del mercader”. Gill no era demasiado optimista. Lo más que los ingleses podían hacer al verse confrontados con el desafío de Maritain era ofrecer un compromiso, de cuya práctica habitual se enorgullecen tan injustamente. Nada más debe esperarse de nosotros dada “nuestra aptitud para la autodecepción, nuestro disgusto por… no, nuestro rechazo del pensamiento lógico, nuestro respeto de la respetabilidad”. [16] Inglaterra está demasiado aliada del Infierno como para tener las agallas necesarias para el Arrepentimiento. Sin embargo, “un poco de Verdad humildemente asimilada” puede llegar lejos.

Para Gill, una vez que la actitud artesanal correcta esté en su lugar, la “belleza se cuidará a sí misma”, una frase feliz que fue también el título de uno de sus libros de ensayos. [17] Aceptaba la explicación de Maritain de la belleza en gran parte porque en ella encontraba la mentalidad de Santo Tomás. Pero dejaba de lado la explicación de Maritain sobre las bellas artes en particular —las artes cuya práctica es animada por la “intuición creativa”, que iba a dominar cada vez más la propia idea de Maritain al considerar la pintura moderna y también la poesía moderna—.




Eric Gill y borradores del diseño de la letra Gill Sans




[1] D. Attwater, Eric Gill: Workman (Londres: 1941), p. 26.

[2] F. MacCarthy, Eric Gill (Londres: 1989).

[3] P. Thompson, The Work of William Morris (Oxford: 1991, 3ª ed.), p. 5. Acerca de la deuda de Gill con las ideas de Morris, ver P. Faulkner, William Morris and Eric Gill (Londres: 1975).

[4] E. T. Cook & A. Wedderburn (editores), The Works of John Ruskin, X (Londres: 1904), p. 301.

[5] Ver su expresión de gratitud en ‘John Ruskin’, Essays: Last Essays and In a Strange Land (Londres: 1947), pp. 169–72.

[6] M. Morris (editor), The Collected Works of William Morris, vol. 1 (Londres: 1910), p. 270.

[7] P. Thompson, The Work of William Morris, p. 99.

[8] Incluso si bien Gill llegó a burlarse de cualquier pretensión de ese movimiento de ser socialmente significativo: ver ‘The Revival of Handicraft’, en idem, Art Nonsense and Other Essays (Londres: 1929), p. 118.

[9] Ibid., p. 32.

[10] Ibid., p. 48.

[11] T. S. Eliot, The Idea of a Christian Society (Londres: 1939), p. 61, citado por E. Gill en Christianity and the Machine Age, p. 57.

[12] Idem, Essays: Last Essays and In a Strange Land (Londres: 1947), p. 70.

[13] E. Catich, Eric Gill: His Social and Artistic Roots (Iowa City: 1964), p. V.

[14] The Philosophy of Art, p. ii

[15] The Philosophy of Art, pp. ii–iii.

[16] Ibid., pp. i–ii.

[17] E. Gill, Beauty Looks after Herself (Londres: 1933).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...