Ditchling en la década de 1920

jueves, 28 de octubre de 2010

Distributismo (i)

[Escrito original de Karl Jahn. Traducción, títulos y notas de la Liga Distributista.]

Los inicios

Una noche, a comienzos del verano del año 1900 (la fecha precisa se desconoce), en un restaurant llamado “Mont Blanc”, Hilaire Belloc y Gilbert Keith Chesterton, dos jóvenes que recién iniciaban su carrera de periodistas en Londres, fueron presentados por amigos en común. De esa reunión emergió un “monstruo biforme” que George Bernard Shaw apodó el “Chesterbelloc”.

Belloc había nacido el 27 de julio de 1870, en Francia, de padre francés y madre inglesa. El padre, Louis Belloc, provenía de una familia pudiente [1] y había estudiado Derecho, pero no ejerció la abogacía debido a una enfermedad crónica. Murió cuando su hijo tenía tan sólo dos años de edad. Poco después de eso, Elizabeth Belloc, la madre, regresó a Inglaterra con el niño y su hermana [2]. Entre 1880 y 1887, el niño fue enviado a la Escuela del Oratorio del Cardenal Newman, donde recibió una educación clásica rigurosa en un entorno católico riguroso. En 1893, Belloc ingresó al Balliol College de Oxford, donde ganó una beca en Historia y se hizo miembro activo de la Oxford Union, una sociedad de debates, de la que fue electo presidente. Para este tiempo, ya se había enfrascado en el activismo político republicano radical (para la época), así como se había convertido en un católico devoto. Belloc obtuvó honores de primera clase en Historia en 1895, pero falló en la competencia por la membresía en All Souls. Se quedó en Oxford durante un tiempo, a través de varios cambios y expedientes (como profesor adjunto, tutor y escritor), se casó e intentó algunas veces más obtener una posición académica firme. En el invierno de 1899 a 1900, abandonó esta búsqueda, se mudó a Londres y se convirtió en periodista.

Por su parte, Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874, y fue bautizado de acuerdo con los ritos de la Iglesia de Inglaterra. Su padre Edward [3] era un hombre respetable, de clase media (era propietario de una inmobiliaria tradicional [4]) y liberal. En 1887, Chesterton comenzó a asistir la Escuela de San Pablo, aunque seguía viviendo en su casa. En 1892 ingresó a la Escuela de Arte Slade y simultáneamente asistía a clases de Inglés en el University College. Abandonó dicha universidad sin graduarse en 1895, trabajó en dos editoriales e ingresó en el periodismo haciendo crítica de arte y publicando poesía. En 1896 conoció a una mujer con el extraño nombre de Frances Blogg, quien se convirtió en su esposa en 1901. Chesterton se hizo periodista a tiempo completo en 1899, cuando fue empleado por el Speaker, un semanario liberal y anti-imperialista.

Las similitudes entre los dos hombres ya eran asombrosas e irían creciendo a partir de la mutua influencia; sus diferencias eran más de las que complementan y no tanto de las que producen rechazo. Ambos eran devotos cristianos y demócratas. Ambos se oponían a la guerra de Sudáfrica, pero ninguno se oponía a la guerra por principio, lo que les ganó la enemistad tanto de los imperialistas como de los pacifistas. Ambos eran poetas, ensayistas, novelistas, críticos sociales y apologistas religiosos. Por una coincidencia curiosa, ambos escribieron aproximadamente cien libros.

La diferencia principal entre sus carreras literarias era que Belloc era más un historiador, mientras que Chesterton era más un crítico. La historia es por su naturaleza más política que la crítica, y la ideas históricas y políticas de Belloc influenciaron significativamente a Chesterton (sólo porque, sin embargo, Chesterton mismo ya estaba tendiendo en esa misma dirección), mientras que Belloc se caracterizaba a sí mismo como un ignorante en literatura inglesa y decía que había aprendido de Chesterton todo lo que sabía sobre ello. Del mismo modo, la ficción de Chesterton es mejor y más conocida que la de Belloc. Ambos eran tan elocuentes oradores como escritores, y excelentes debatiendo; pero Belloc era más mordaz y serio, mientras que Chesterton era siempre jovial. El pensamiento de Belloc era claro, lógico y sistemático; el pensamiento de Chesterton era romántico y paradójico.

Belloc y Chesterton eran ambos liberales, por simpatía, afiliación política y activismo. Belloc (que se hizo súbdito británico en 1902) se presentó con éxito para el Parlamento como candidato liberal en las elecciones generales de 1906, en campaña contra el proteccionismo, el imperialismo, la oligarquía, el gran gobierno y la regulación de los pubs. Se convirtió en un parlamentario sin cartera y hostil: que se quejaba del secretismo acerca de los fondos de los partidos, por ejemplo, quedando cada vez más convencido de que los ricos controlaban ambos partidos por medio de sus dádivas. En las elecciones generales de 1910, rompió con el Partido Liberal y obtuvo su reelección como candidato independiente. Apoyó el movimiento para reducir el poder de la Cámara de los Lores, pero cuando el asunto provocó nuevas elecciones ese mismo año, se negó a volver a candidatearse. Estaba ya convencido de que el poder de los políticos y la disciplina de los partidos no dejaba la independencia necesaria para una verdadera representatividad popular. La política electoral era una fachada; todo se decidía tras bambalinas, por y a través de la plutocracia.

En 1910, el libro de Chesterton que llevó el título Lo que está mal en el mundo señalaba la congruencia entre los intereses oligárquicos y el reformismo social paternalista, e incluso mencionó el tema de restaurar la propiedad campesina. Esto fue continuado por Belloc en su libro de 1912, El Estado servil. Su tesis era esencialmente aquella que había expuesto Sismondi y que fuese adaptada por Marx, de que el capitalismo, definido como la propiedad de los medios de producción por unos pocos, es injusto e inestable. Belloc argumentaba, contra el marxismo, que el socialismo (esto es, la propiedad de los medios de producción por el Estado) no es una alternativa factible al capitalismo, porque los capitalistas, habiendo reducido las clases trabajadoras a la servidumbre económica, usarán la reforma social para reducirlas a la servidumbre legal, haciéndolas dependientes de un Estado de bienestar controlado por los capitalistas. Por lo tanto, la única alternativa es redistribuir los medios de producción, muy divididos entre la mayoría, siguiendo el ejemplo del campesinado medieval y las guildas [5]. Para este sistema, acuñó el término “Estado distributivo”, del que se deriva el término “Distributismo”.




Ejemplar del periódico "G. K.'s Weekly", que se editó entre 1925 y 1936.



[1] Por lo que sabemos, los Belloc eran de origen bretón y se habían asentado en Nantes, donde se dedicaron al comercio. Poseedores de plantaciones de caña de azúcar en Santo Domingo, habían hecho una importante fortuna. Pero el bloque británico de Europa, durante las guerras con Napoleón, les trajo la ruina. El abuelo de Hilaire, Jean-Hilaire Belloc (1786-1866), tenía una mala condición física y no pudo dedicarse a la carrera de las armas como mandaba su padre; por lo que se dedicó a cultivar la pintura. Aunque se vio afectado por los sobresaltos políticos de su patria, viéndose forzado en varias oportunidades a suspender su vocación para ganarse el sustento. Recién en la década de 1830, comenzó a recibir reconocimientos, como la Legión de Honor. Sin embargo, la invalidez que le aquejó hacia el final de su vida, volvió a hundir a su familia en problemas económicos. Jean-Hilaire estaba casado con Anne-Louise Swanton, hija de un oficial irlandés al servicio del Rey de Francia, que había alcanzado cierta notoriedad como traductora y escritora de libros para niños. Tuvieron tres niñas y un varón, el menor, Louis (1830-72). Éste fue un joven abogado muy prometedor que, tras habérsele dictaminado la invalidez, fue a vivir con su madre a La Celle-Saint-Cloud, pueblo rural a cierta distancia de París. Allí conoció a quien sería su esposa y madre de Hilaire, Elizabeth R. Parkes, quien se encontraba de vacaciones con una amiga. Bessie Parkes, hija de un conocido reformista parlamentario inglés y de una nieta norteamericana de Joseph Priestley —el conocido físico y fundador del unitarismo—, había sido de joven una furiosa militante sufragista y, recientemente, se había convertido al catolicismo. La Guerra Franco-Prusiana destruyó la casa familiar y la muerte de Louis forzó a su viuda Bessie a regresar a Inglaterra con sus pequeños hijos.

[2] Marie-Adelaïde (1868-1947), posteriormente esposa de Frederic Lowndes, fue una exitosa y pródiga novelista. La más conocida de sus novelas es El Inquilino, que fue llevada al cine numerosas veces.

[3] El origen de la familia Chesterton parece estar en un pueblo del mismo nombre en las afueras de Cambridge, hoy barrio de esa ciudad. En cualquier caso, sabemos que un tal Charles Chesterton, dueño de una pollería en la Kensington High Street, comenzó a trabajar como agente de tierras de la propiedad Phillimore y corredor de seguros. De sus tres profesiones, parece que la inmobiliaria —en plena era de migraciones desde el interior inglés hacia Londres— fue la actividad más rentable. Su hijo Arthur intentó ser marino mercante, pero en la década de 1830 se unió finalmente al negocio familiar, alcanzando cierta notoriedad. Muchos edificios en el barrio de Kensington, aún existentes, fueron construidos por Arthur Chesterton, y una calle de la zona lo testimonia. Dos de los hijos de Arthur, Edward y Sidney se unieron a la firma que, en 1876, cambió su nombre por el de Chesterton & Sons, y juntos la hicieron prosperar más aún, aprovechando el boom de la vivienda de fines del siglo XIX. Edward (1845-1922), quien, además de los negocios, tenía ciertas preocupaciones sociales y artísticas, fue el padre de Gilbert y de Cecil, ninguno de los cuales siguió el negocio familiar. En cambio, la rama de Sidney (1851-76) fue la que siguió a cargo de la inmobiliaria hasta hace muy poco.

[4] Chesterton Estate Agents, inmobiliaria fundada en Kensington a comienzos del siglo XIX por Charles Chesterton y que aún existe con el nombre de Chesterton Humberts.

[5] La palabra “guilda” aparece varias veces mencionada en la literatura distributista. Si bien en castellano no es común su uso, la preferimos a “corporación” o “gremio” —más comunes— con el fin de evitar equívocos. El hecho es que, en la Edad Media, el fenómeno corporativo o gremial aparece descripto con gran variedad de términos: confratria, fraternitas, consortium, societas, conjuratio, amicitia, corporatio, collegia, artes, etc., cuya traducción literal sigue siendo equívoca.

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