Ditchling en la década de 1920

jueves, 26 de julio de 2012

"Necesitamos comunidades"



Manual de Distributismo:
Una economía paralela

Por Peter Chojnowski [1]

Al considerar las implicancias prácticas de las doctrinas económicas del Distributismo, es importante recordar que sus teóricos, Hilaire Belloc, G. K. Chesterton, Arthur Penty y el P. Vincent McNabb, no tenían intención de ofrecer  sólo un modelo macroeconómico nacional. Un modelo macroeconómico así es útil para las decisiones prudenciales del estadista. Ellos, más que eso, esperaban que dicho modelo fuese aprovechado por los estadistas de su tiempo. Es providencial, por lo tanto, que también hayan mencionado las implicancias microeconómicas de su “tercera vía”. Son estas implicancias microeconómicas, aplicadas específicamente a la situación actual de la familia tradicional católica promedio, las que serán el tópico de este artículo.

Es importante comprender que nos enfocamos en los aspectos microeconómicos de la tercera vía y que no preguntarnos cómo podemos aplicar estos principios e ideas a nuestras propias vidas, a nuestras propias situaciones familiares y a las situaciones de nuestras crecientes comunidades católicas tradicionales. La razón de que sea posible es porque “economía” del griego oeconomia, significa “administración del hogar”, es decir, la forma en que ordenamos, sostenemos y estabilizamos nuestras familias y nuestras comunidades. Un verdadero teórico de la economía debería, por lo tanto, tener como fin en primer lugar el establecimiento de un sistema que sostenga las necesidades básicas de las familias y que ofrezca a los hombres un trabajo que sea intrínsecamente satisfaciente, que sea capaz de proveer al sostenimiento de su familia y que esté en total acuerdo con el fin último de la vida humana: el formar parte de la mismísima Vida Divina.

¿Qué permitirá a nuestras familias lograr estos fines del trabajo y el hogar?

Primero, debemos comprometernos a la meta adelantada ya en las enseñanzas del papa León XIII (Rerum Novarum), del papa Pío XI (Quadragesimo Anno) y de los teóricos distributistas: la posesión de propiedad familiar real. Solo mediante la tenencia de propiedad real (esto es, no hipotecada al usurero moderno) es que podemos establecer “reinos” fijos, baluartes de Cristiandad, capaces de sostener por un período indefinido de tiempo familias dedicadas al Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.

Segundo, debemos organizar el trabajo. Obviamente, para organizar el trabajo debe existir una “fuerza laboral” lo suficientemente grande como para ser organizada. Si queremos verdaderamente poner los fundamentos de un sistema microeconómico, debemos satisfacer el objetivo de todo sistema económico, esto es la satisfacción de las necesidades básicas de las familias. Lo cual sólo puede hacerse si existe un grupo lo suficientemente diverso de hombres y mujeres cuyo talento laboral les permita participar en este ensayo de satisfacción de las necesidades básicas y primarias de una comunidad. A este respecto, enfaticemos que nuestra “economía paralela” (esto es, una economía que satisfaga las mismas necesidades que la economía capitalista dominante, pero que satisfaga estas necesidades de una manera diferente), debe enfocarse en lograr proveer lo que el P. Vincent McNabb llamaba “bienes primarios” (por ejemplo, vivienda, comida, vestimenta y, agrego yo, servicios médicos), en contraposición con los “bienes secundarios”. Los bienes secundarios son aquéllos que son pensados para satisfacer algún deseo o capricho del hombre, pero que no son esenciales de la forma en que lo son los “bienes primarios”. Al satisfacer las necesidades básicas, o, al menos, tantas cuantas sean posibles, nuestra comunidad avanzará hacia el objetivo de la autosuficiencia que es el signo de toda sociedad verdadera.

Tercero, necesitamos tener, como parte de una comunidad coherentemente organizada sobre la base de la Fe verdadera, un compromiso de apoyar, de cualquier manera posible, la organización económica de la comunidad sobre la base de las enseñanzas de la Iglesia. Sin este tipo de compromiso de intenciones, el proyecto fracasará. Lo que se necesita es tanto un compromiso ocupacional de parte de algunos miembros de la comunidad, o comunidades, y un compromiso económico de parte de todos los miembros de la comunidad.

¿Qué tipo de compromiso ocupacional es necesario? Esto significa que un trabajador o profesional renunciará a su conciencia capitalista que le dicta usar sus habilidades, talentos y trabajos para satisfacer sus deseos y caprichos, suyos y de su familia, para usar de ellos tanto para satisfacer las necesidades de su propia familia como para contribuir a la satisfacción de las necesidades de todas las familias de la comunidad.

¿Qué tipo de acuerdo económico es necesario? Sólo la decisión, por parte de todos los miembros de la comunidad, de canalizar sus recursos financieros de tal manera que las propias necesidades de las familias sean satisfechas a través de los esfuerzos de órganos económicos o cuerpos corporativos compuestos por hombres y mujeres de la propia comunidad. Esto no se refiere a contribuciones financieras gratuitas, sino, por el contrario, simplemente a satisfacer las propias necesidades básicas de la familia dentro de las estructuras organizadas por la misma comunidad. Para que esto ocurra realmente, debemos desarrollar un sentido fuerte de “hermandad” basado en la adhesión a la integridad de la Fe verdadera y sobre la base de la virtud teologal de la Caridad fraterna. Nuestro compromiso, como individuos y como comunidad, debe ser asegurar a la totalidad de los grupos de familias, cuanto más grandes mejor, la supervivencia, la prosperidad, la crianza y la educación de sus hijos, y la persistencia en la práctica de la religión verdadera frente a un mundo completamente hostil y un “sistema” anticristiano. Ésta será nuestra oportunidad para desinvertir de un sistema económico comprometido con la destrucción de las grandes familias verdaderamente católicas y para reinvertir en un esfuerzo microeconómico que no sólo sostendrá a la familia católica tradicional en tanto familia católica tradicional, sino también inevitablemente ayudará a sostener capillas y escuelas tradicionales que den vida a las almas y a las mentes de tantos.

A) Guildas

El primer paso en la organización de un sistema microeconómico así es la organización de guildas. Las guildas (gremios y corporaciones) eran los órganos del sistema económico distributista que floreció en los siglos católicos del pasado. En tiempos recientes, el arzobispo Lefebvre y el obispo Fellay han específicamente abogado por la formación de este tipo de organizaciones vocacionales entre los fieles católicos tradicionales.

Por su naturaleza, las guildas demandan una fuerza de trabajo dividida según ciertas especialidades. Para nuestros propósitos, dado que estamos considerando una pequeña fuerza laboral en términos relativos, debemos establecer guildas cada una dedicada a la satisfacción de una de las necesidades básicas mencionadas antes (esto es, comida, vivienda, vestimenta y cuidado médico). Dado que estas guidas serán cuerpos corporativos, uniendo a todos los miembros de un cierto tipo de labor, estos cuerpos necesitarán estar animados de almas espirituales. La primera necesidad de una organización de trabajadores de este tipo es el cuidado moral y espiritual a cargo de un capellán. El rol del capellán será orientar propiamente las mentes de los “hermanos” de modo que puedan tratar entre ellos y con sus clientes, puedan implementar propiamente las enseñanzas de la Iglesia en su propio campo específico de trabajo,  puedan asegurarse que los hombres entiendan siempre su trabajo y su labor como guilda desde una perspectiva de Fe y de la meta última de la vida humana. También, en el espíritu de las guildas medievales, una especial devoción a un santo patrono debería unir la vida católica de cada cuerpo específico; San Rafael para los trabajadores médicos y San José para los obreros de la construcción, se me ocurren. Dando al trabajo un espíritu católico, y trabajando con aquéllos que tienen la misma fe y luchan por lograr la misma vida moral, habrá inevitablemente una gran integración de fe y trabajo, lo cual ayudará a un catolicismo más integral de parte de aquéllos que formen parte de la guilda en cuestión.

Al mismo tiempo que integra fe y trabajo, el sistema de guildas ayudará a lograr un significado económico para la guilda como un cuerpo de trabajadores y profesionales. Por un lado, la guilda en conjunto, por ejemplo la guilda de trabajadores de la construcción, estará en mejor posición para negociar respecto a contratos específicos puesto que tienen un equipo ya armado y con cierta reputación en el área; y, por otro lado, el empleado individual, digamos un radiólogo, como miembro de una guilda de servicios médicos, tendrá un grupo de profesionales de la misma profesión en general apoyándolo. El fin último de estas guildas, por supuesto, será servir como los “órganos” primarios para proveer a las necesidades de bienes básicos para el mantenimiento de la comunidad.

Pero no sólo el trabajo de las guildas estará específicamente dirigido al bien de sus propias comunidades específicas. Los miembros de las comunidades servidas por las guildas deben también obligarse a apoyar a sus hermanos, empleándolos. Las comunidades católicas tradicionales deben comenzar empleando a su propia gente para servir a las necesidades primarias de las familias que las integran. Cuando un hombre católico tradicional está buscando una esposa, él, si es sano, “buscará” en lugares específicos y entre ciertas familias. ¿Por qué no hacer lo mismo cuando buscamos empleado?

B) Guildas y empresas de propiedad familiar

Al organizar el trabajo en la forma de un sistema de guildas, los recursos financieros pueden conseguirse también en forma fácil si se adquieren empresas en operación en el área en que la mayoría de la comunidad vive. Una verdulería, una cooperativa agraria o un comercio de ropa que tienen como fin servir a la comunidad más que hacer ganancia únicamente, deben ser meta de las guildas relevantes. Son estos tipos de negocios, tanto organizados como guilda o como propiedad familiar, los que pueden lograr la exigencia de la Iglesia de un precio justo y alcanzable. Establecer precios alcanzables y proveer salarios justos para los empleados puede ser económicamente realizable si existe una clientela estable o un alto volumen de ventas.

La propiedad comercial también significa algún grado de control político a nivel local. El dinero significa poder; no olvidemos este razonamiento, antes bien, empleemos esta verdad para el bienestar financiero y social de nuestras comunidades.

Por supuesto que, en nuestro tiempo, uno de los campos en los cuales se pueden encontrar muchas prácticas y actitudes moralmente objetables es en el campo médico. Seguramente, con todas las necesidades médicas de las familias numerosas, incluyendo los remedios y los servicios pre- y post-natales, una de las metas de una guilda de servicios médicos debe ser el establecimiento de una clínica médica independiente o la adquisición de una clínica ya en operación. Incluso debería haber una búsqueda concertada para encontrar personal para tal clínica de entre los profesionales médicos católicos tradicionales que quieran mudarse a una de estas comunidades, ya sea en los Estados Unidos o en otros lugares. En un todo de acuerdo con la orientación de esta propuesta “hacia lo básico”, un servicio de nacimientos en casa seguramente beneficiará a aquellas familias numerosas o nuevas que busquen evitar los precios astronómicos, la esterilidad y la atmósfera no familiar del hospital moderno.

C) Hogar familiar

A medida que un número creciente de jóvenes familias se den cuenta que sus hijos necesitan los beneficios de la educación en una escuela católica tradicional, necesariamente considerarán migrar a una comunidad católica tradicional formada alrededor de una institución educacional en operación, normalmente una que pueda ofrecer educación para todas las edades, incluyendo el secundario.

Uno de los esfuerzos concertados que deben hacerse es proveer vivienda a precios razonables para estas familias nuevas y en crecimiento. Una casa a precio razonable sólo es posible cuando hay tierra a precio razonable para construir una casa. Será muy probable que las comunidades que puedan atraer a tales familias nuevas o numerosas estén situadas en áreas rurales o semi rurales. En estas áreas, los terrenos pueden comprarse sin necesidad de tener que recurrir a los “servicios” de la rama local de la usura internacional. Si la propiedad inmueble es la meta, la tierra a precio razonable es una necesidad.

El próximo problema a resolver es la construcción de una casa a precios razonables. Aquí, creo que una guilda de la construcción puede hacer de esto su tarea central y su “apostolado”. ¿Qué mejor modo de animar a las familias jóvenes y en crecimiento a mudarse a comunidades que también provean escuela para sus hijos que haciendo disponible para ellas la vivienda a precios verdaderamente razonables? ¿Qué mejor modo de ofrecer un trabajo estable y continuo en la guilda de la construcción que servir a la demanda que sin duda existirá si se conoce la existencia de esta oferta segura? Nuestro lema aquí debe ser “¡trabajemos en serio!”

Por supuesto que, en estas comunidades individuales, existirá la necesidad de alguien que coordine la oferta y la demanda. Este programa debe incluir necesariamente a la guilda de la construcción. La acumulación de capital por la misma guilda podrá facilitar la compra inicial de terrenos sobre los cuales la guilda construirá sus casas. Casas en general no pensadas para solteros y familias pequeñas, sino para familias numerosas. De nuevo, un volumen incremental hará posible precios razonables. El objetivo, por supuesto, debe ser que el máximo número de familias posible tenga la propiedad de su vivienda libre de toda hipoteca.

D) Programas de aprendices


Una de las metas del sistema de guildas propuesto debe ser la iniciación de un sistema de aprendices. Los aprendices han sido siempre el futuro de cualquier guilda. Y estos programas son la fuente de esperanza para los jóvenes. La esencia del sistema de aprendices es la existencia de un maestro o maestro-artesano y de un discípulo o aprendiz. La relación entre el maestro y el discípulo es el fundamento de todo sistema educativo verdadero de cualquier tipo que sea. Este tipo de relación, sea dentro del ámbito de una guilda particular o, incluso, entre un hijo y su padre en el rol de maestro artesano, remediará muchos de los dilemas que minan las mentes y los corazones de nuestra juventud católica tradicional.

Primero, hará posible una mayor integración psicológica. Al formar lazos fraternales con los hombres que trabajan en la misma profesión y que, también, comparten la misma fe, la Fe verdadera será algo más que una serie de proposiciones aprendidas en la niñez, con poca relevancia para el mundo del trabajo, del dinero y de los amigos. En cambio, sintiéndose parte vital de un cuerpo corporativo de hombres unidos no sólo por un trabajo común sino también por una fe en común, estará en condiciones de entender la Fe como algo para mentes maduras. Además, en este caso, la Fe le dará amigos, mentores, clientes, una ocupación, esperanza para el futuro y pan.

Segundo, el sistema de aprendices ofrecerá algo que desesperadamente necesitan nuestros jóvenes hoy: una más rápida transición de la adolescencia a la adultez. El trabajo serio en un negocio serio no sólo hará al joven más responsable de sí mismo, sino que le hará posible prever el día en que tendrá los medios suficientes para formar su propia familia.

Junto a esta idea de revivir la antigua posición de aprendiz, está otra propuesta que tiene un conjunto similar de metas. Es la relación maestro-aprendiz aplicada a las carreras profesionales “de cuello blanco”. Necesariamente, la mayoría de éstas carreras caerá fuera del sistema de guildas que tiene su fin en proveer lo que llamamos “bienes primarios”; si un joven quiere convertirse en profesor, abogado o contador, por ejemplo. Para estos jóvenes, adelanto la idea de un programa de “hermano mayor” con una red estable de contactos profesionales.

Estos “hermanos mayores”, que son católicos tradicionales que ya trabajan en la profesión a la que el joven está buscando ingresar, actuarán como asesores, confidentes, patrones y proveedores de contactos para el joven profesional mientras éste recorre su camino a lo largo del laberinto educacional y profesional que es parte del inicio en cualquier profesión. De este modo nos aseguraremos que las comunidades de las que hablamos tengan un ensamble completo de profesionales dedicados a su servicio o tendremos jóvenes católicos tradicionales cuidadosamente guiados a las posiciones “correctas”. Debemos cultivar a los mejores y más brillantes de entre los nuestros. ¡Recuerden que los masones tomaron esta idea de nosotros!

E) Trueque y cooperativas de crédito

Uno de los problemas más obvios que encontramos en el jefe de familia en su intento por lograr la propiedad real para su familia es el hecho de que, en la sociedad contemporánea, los salarios no son lo suficientemente altos como para satisfacer la demanda de bienes primarios necesarios para la supervivencia de su propia familia. Nuestro estilo de vida no puede mantenerse sin incurrir en deuda con una u otra institución financiera que, a través de la usura y la explotación de un sistema económico basado en los deseos y los caprichos, ha obtenido el control de la oferta de dinero y de alguna manera recibe “permiso” para crear “dinero” sobre la base de la sola palabra de dicha institución. ¿Cómo podemos evitar que nuestros hermanos incurran en deudas?

Ésta debe ser una de las metas primarias de una economía paralela basada en los principios distributistas de la Rerum Novarum. En cuanto a eso, junto con la guilda de la construcción que ayuda a mantener los precios bajos gracias a una demanda estable y a que su objetivo es el sostenimiento de la familia y no la sola ganancia, existen otras dos formas en que sugiero evitar el endeudamiento de nuestros correligionarios. Ellas son: el uso prudente y restringido del sistema del trueque, y el establecimiento de cooperativas de crédito no usurario.

Por el “sistema de trueque”, simplemente me refiero el cambio de un servicio por otro servicio, más que el intercambio de un servicio por dólares. No sólo el intercambio del trabajo de un hombre por el de otro hombre fortalece los vínculos entre ambos hombres y ambas familias, sino que también permite a la familia conservar el capital monetario que tenga, al mismo tiempo que evita totalmente la necesidad de recurrir a los prestamistas para pagar por un servicio. Más aún, hasta donde sé, un servicio intercambiado por otro servicio (por ejemplo, un trabajo de plomería por huevos y gallinas), no figura como ingreso monetario anual. Es así otra forma de “desinvertir” legalmente en el sistema y reinvertir en hogares cristianos.

La otra forma que propongo para ayudar a los hermanos católicos tradicionales a evitar la esclavitud de la usura y, aún así, obtener fuentes de financiamiento para algunos de los proyectos sugeridos aquí, es establecer cooperativas de crédito no usurario.

¿Cómo puede ser esto posible si los préstamos típicos de las cooperativas de crédito prestan dinero a una tasa de interés a sus miembros aunque sea baja? Aquí debemos tener en mente la condena tradicional de la Iglesia a tomar intereses en todo tipo de préstamos no rentables. Los préstamos para la construcción son, excepto en los casos de especulación, préstamos no rentables. Un préstamo con interés que sirve como dinero de inversión inicial de un proyecto que arroja una ganancia, un censo de medievalistas lo probaría, fue siempre perfectamente aceptable para la Iglesia. El prestamista, en este caso la cooperativa de crédito propuesto, simplemente sirve como un socio en lo que será un emprendimiento conjunto. Al recibir parte de la ganancia de estos emprendimientos conjuntos, la cooperativa de crédito, que debió haberse establecido por la recaudación de capital, estará en condiciones de prestar dinero a aquéllos en la comunidad que construyan casas o provean otras necesidades básicas y primarias. Estos préstamos serán devueltos, a tiempo, sin ninguna carga usuaria adyacente.

F) No tratar a los hermanos como extraños

Las propuestas de arriba están basadas en un hecho frío y duro. Esto es que, en el futuro próximo, en la escena geopolítica y a nivel macroeconómico, no hay esperanza alguna de que las ideas adelantadas por los distributistas en la primera parte del siglo XX se vean implementadas. Sin embargo, dado que son parte de una visión católica integral del recto orden de la sociedad humana y que, de acuerdo con
 Rerum Novarum y Quadragesimo Anno, son parte de la total realización del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, debemos intentar implementar estas ideas aunque sea a nivel local y comunitario.

Pero para ello, necesitamos comunidades. Existen comunidades así ya establecidas tanto en los Estados Unidos como en otros lugares, por ejemplo en Tynong (Australia), y otras que aún están en etapa de nacimiento.

Si es que las comunidades de familias, animadas y adheridas a la Tradición, deben sobrevivir e, incluso, prosperar; si es que nuestros jóvenes deben ser alejados de la tentación a cruzarse de lado en sus mentes o en sus corazones, y si es que debemos vivir los principios y las doctrinas a las que adherimos con nuestras mentes en medio de una sociedad hostil, debemos considerar seriamente la pregunta: ¿cómo hacerlo?

La respuesta básica a esta pregunta es no tratar a los hermanos como extraños.


[1] Nacido en New Britain (Connecticut, EE.UU.) en 1965, el Dr. Peter E. Chojnowski es profesor en la Academia de la Inmaculada Concepción en Post Falls (Idaho). Graduado “magna cum laude” en Filosofía, Ciencia Política y Economía en el Colegio Universitario Christendom, tiene una maestría y un doctorado en Filosofía en la Universidad de Fordham. Ha sido profesor en numerosos institutos, academias y universidades de su país y dictado conferencias en Europa y Asia, también es frecuente colaborador de la revista “The Angelus”.

 

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